Archivos para Enero 2008

Porque a ellos también les duele

 combi

Luego de un largo y sudoroso día en la planta hace-hilos, me dispuse a caminar hacia la salida. En el camino me puse a pensar en mi regreso (sí, es suficientemente grande el camino a la salida para que pase algo en ese tiempo), ya no contaba con que me recoja Alfonso de regreso de su trabajo: tendría que ir en micro. No es que yo sea de esas personas que solo toman taxi… me gusta lo barato y los micros son baratos. Voy todas las mañanas así al trabajo y a muchos otros lugares. Pero por varias razones me pasó por la cabeza que no iba a disfrutar para nada este regreso.

La primera era que debía llegar en máximo cuarenta y cinco minutos si quería llegar no tan tarde a las clases de francés (no sé porque le he perdido respeto a la puntualidad de esas clases). La segunda era que mi aparato almacenador y reproductor de música había sucumbido ese mismo día en la mañana: o se apagaba con la alarma de batería o no emanaba sonido de él. Ya no es el mismo de antes pero por las mismas razones que utilizo el micro no me compro uno nuevo, sino que exprimo los últimos rezagos de batería recargable que pueda tener antes de darme por vencido.

Resignado y con un sol que calienta más de lo que uno puede auto refrigerarse, salí y crucé la avenida Argentina, con sus camiones de Coca Cola y sus micros que van a Comas, dispuesto a chapar el primero de mis tres micros (o hasta cuatro) para llegar a mi hogar.

“Todo Sucre, Tingo María, Sucre Sucre pueeeeente”. Sonreí brevemente y subí. No sonreí por la forma escandalosa de como la mujer (mujer-cobradora era, cada vez más comunes ahora), que para esto me resultaba conocida, se descolgaba de la puerta semi-destruída del carro que ni siquiera paró para que me suba. Menos por la apariencia del carro al que me subía: no era ni cúster ni combi ni micro típico. Sonreí porque me di cuenta de que ese micro era mi comodín: esos micros que misteriosamente van por la ruta que uno quiere, doblando por muchas calles y haciendo un circuito de lo más caprichoso pero que al final te ahorra dinero y carros. Un ejemplo es el conocido marroncito que une Miraflores, San Isidro y La Molina por medio de tanto la avenida Javier Prado como la Benavides. Una vez adentro del extraño carro miré y me fui a sentarme en uno de los tantos asientos libres: era el tipo de asiento duro de ómnibus grande y no esos acolchaditos que siempre están medio caídos, propios de las cúster.

Sentado, sin música y con todavía mucho calor, esperé a ver por qué lugares extraños y fantásticos iba a pasar esta empresa de transporte (ahora último descubrí su nombre: ESTUNSA) antes de dejarme en la av. La Marina. Los lugares no fueron de lo más fantásticos, tal vez un poco extraños. Mientras escuchaba a esta mujer-cobradora gritar nombres de lugares desconocidos, pensaba en por qué si bien las mujeres llegaron a cobradoras nunca iban a llegar a conductoras, ¿será machismo o es que las mujeres realmente chocarían más? Ahí fue cuando la reconocí, hace dos días había sido mi mujer-cobradora en otro microbús de la misma empresa. Es curioso como uno se acuerda de algunas cosas y de otras no. Por ejemplo, si ayer me preguntaban si recordaba alguna vez haber visto un micro o algún transporte público chocar, yo diría que no. Y he visto cosas extrañas: puertas izquierdas de combis abrirse, puertas derechas de combis que se caen a la pista, un pequeño cachorro mascota siendo llevado en la caja de herramientas del carro ladrando, una rápida ruta alterna en un incómodo viernes en la noche por calles de San Isidro con las luces apagadas y el cobrador escondido, etc. He visto micros chocados, detenidos, volcados, siendo detenidos por la policía o fugando de ella pero nunca en el acto de chocar (y menos dentro de uno en ese momento).

Un lado de la pista cerrada, un micro avezado trató de cruzarse y mi chofer no se dejó presionar… resultado: el espejo retrovisor de mi micro con un hueco roto. El daño no era grave, pero, lo que era más importante, era culpa del otro micro. Él debía pagar los diez soles y todo quedaba saldado. Me sorprendió la capacidad de mi chofer para insultar a su colega usando tan buena fluidez, como si ya lo hubiera dicho antes (contra lo que muchos piensan, las abolladuras y golpes que se ven en los micros no son de adorno), para hacerle entender de que pague con sencillo y rápido. Como era de esperarse, al otro conductor le importó muy poco lo que mi chofer pensara sobre su mamá y sobre toda su familia y decidió seguir con su camino. Al ser abordados por mi insistente mujer-cobradora, los culpables les ofrecieron dos soles por el daño. Mi mujer-cobradora, con mucha razón, se negó y exigió aquello que era suyo. Todo este espectáculo de cobranza se realizaba en movimiento con pequeñas pausas para dialogar de cobrador a mujer-cobradora mientras se recogían pasajeros al mismo tiempo ya que los micros no podían retrasarse y debían continuar. Para esto, mis compañeros de micro y yo, veíamos extrañados a los pasajeros del otro micro. Yo tenía curiosidad por saber si los pasajeros del otro micro apoyaban a su micro tanto como nosotros apoyábamos al nuestro.

Desde mi asiento podía escuchar cómo conversaban mi mujer-cobradora y mi conductor acerca de lo injusto y conchudo que era el otro micro, se veía el rencor y la impotencia en sus caras: ¿qué podían hacer? ¿Obligarles a pagar? ¿Cómo? ¿Subirse al otro micro y descuidar su trabajo? No podían dejar el carro así nomás, sentí lástima por ellos.

Pero no por mucho tiempo: apareció de nuevo el otro micro al frente de nosotros. Mi chofer aceleró y mientras lo alcanzaba (como si silenciosamente hubieran llegado a un plan), mi mujer-cobradora recogió una pequeña escobita que, según se veía el carro, nunca había usado dentro del bus. Al preciso momento de llegar a estar uno a uno, la mujer saca por la ventana su escobita y yo pensé asustado “Seguro va a limpiarle el espejo al otro en son de protesta”. La señora de adelante mío gritó del susto cuando el espejo retrovisor del micro del costado explotaba en muchos fragmentos punzo-cortantes reflejando luz liberados en todas direcciones. Claro, ella se había subido después del primer incidente y seguro entendía nada. Nadie le explicó, no había necesidad: la justicia se había hecho.

Después de peligrosas correteadas entre los dos micros en las cuales yo temía por algo peor, logramos perderlo y tranquilos continuamos el camino como si nada. Poco antes de bajar, la mujer-cobradora-heroína seguía trabajando como si nada se hubiera roto. “¿Vas mercado magdalena?”, “Sí señora, voy justo al mercado, suba”. “¿Pero vas al mercado, mercado?” “Pero claro señora, al mercado de magdalena voy”.

El Moleskine

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Te has cansado de esperar. Empiezas a caminar por un pasadizo muy largo hasta que llegas a una esquina. Volteas. Ahora tus ojos ven algo completamente distinto: el mar. Te acercas a la orilla y mojas tus pies. Sigues avanzando, ahora el agua te llega a la cintura. Te sientes feliz y continúas. Ya no sientes el piso, pero no importa. El mar te abraza y no te quiere soltar. No llegas a ver los rayos del sol. Despiértate.

Eran las dos y diez de la madrugada cuando él se despertó. Se sentía intranquilo. Se quitó la sábana celeste de encima y se levantó. Su cuarto estaba iluminado por una tenue luz que traspasaba las cortinas. Hacía calor. No se escuchaba un sólo sonido y sabía que sus padres estaban durmiendo a pocos metros. Tomó el vaso que tenía en su mesa de noche y bebió un poco de agua. Luego de eso, se dirigió hacia su escritorio de madera y se sentó. Abrió un cajón y sacó el moleskine[1] negro. Fue hacia la página que señalaba el marcador y continuó leyendo.

2 F 04

No puedo creer que haya estado tomando notas en el parque. Había escuchado que mucha gente iba ahí a leer y a escribir, pero nunca pensé que yo también lo haría. Estuve como una hora y media, mirando a la gente y apuntando cosas en mi libreta verde. Lo que más me gustó fue esto: “Ese hombre camina mirando su reloj. Se va a chocar. Pobre hombre.”

Después de haber pasado el fin en la playa creo que esta semana en Lima me va a caer bien. Ya quedé con las chicas para ir a ver una película en Larcomar el martes y el jueves hay un tributo a Bon Jovi en el Irish Pub.

La Batichica

Terminó de leer esa página y cerró el moleskine. De vez en cuando hacía eso, se levantaba de madrugada y leía una página, como si se comiera una pastilla de chocolate. Había estado leyendo el moleskine desde hace un mes, cuando lo compró en un puesto de libros en las galerías Amazonas. Pensaba que estaba vacío, pero cuando llegó a su casa y lo hojeó detenidamente, vio que estaba escrito a partir de la mitad. Se puso a leerlo de inmediato y se dio cuenta que había sido el diario de una chica hace un par de años. Ella se hacía llamar “La Batichica” y por lo que había leído, tenía la misma edad que la que él tenía ahora, diecisiete.

Feliz por haberse comido un chocolate nocturno más, regresó a su cama y se durmió.

Cruzas la calle y avanzas por una vereda angosta. Es un día soleado. Vuelves a cruzar y llegas a un parque. Miras tu reloj. Sigues caminando mientras ves como el segundero se mueve rítmicamente sin llegar a cansarse. Sientes que eres observado. Levantas tu mirada y ves a la única persona de todo el parque, una chica sentada en una banca te analiza mientras escribe en una libreta. Vas, te sientas a su lado y le susurras al oído, “¿Eres tú mi Batichica?”


[1] Cuaderno de notas con cubiertas de un tipo de tela llamada Moleskin, posee además una banda elástica para sostener el cuaderno cerrado y un lomo que permite que el mismo sea abierto completamente.

Bored?… Party on!, excellent..

Buenas:

Uno se encuentra cerca al televisor, dejas el control remoto de lado y te levantas de tu asiento, como todo un mortal, y te acercas lentamente hacia esa pantalla en la cual dos gringos sin gracia hacen comentarios sarcásticos [dicen] y una risa programada, sin gracia hace de fondo para esas líneas insulsas que por décima vez oyes en esta semana. Es hora de llamar a tus compinches y armar una de las buenas. Es hora de organizarte una reu.

Suena fácil pero no lo es. Aunque las condiciones actuales, tecnología nueva cada vez que pones “play” en YouTube, te acercan mucho a las personas conocidas, organizar un sitio y una hora para una actividad de dudosa procedencia es a veces mas que un mero dolor encefálico.

Dadas circunstancias de los hados, en algunas oportunidades mi humilde morada ha sido hogar de diferentes reuniones sociales, y por ello quisiera citar algunas situaciones que según tengo entendido nos pasan a todos los anfitriones a menudo. El primer gran problema son los invitados, al inicio te encuentras con 5 personas en MSN, o quien sabe de repente en gtalk, y las convences para que venga. Ahora ellos se encargan de avisar a otros para que los sigan, y se crea una cadena en serie con preguntas que debes de responder. Si tuviste suerte y tus 5 amigos iniciales llamaron a otros 10, encontraras unas 6 a 10 ventanas de MSN, con preguntas tipo: ¿Dnde? ¿A qué hora te caigo? ¿Tú pones o ponemos? ¿Cómo arreglamos? ¿Puedo ir con alguien más? ¿Plan chupeta o tranqui? ¿Cómo era pa’ llegar a tu hato? ¿Y quién me trae? ¿Y quién me lleva? entre otras. Simplificación, mandales un mail. Al parecer tendrás que mandar ese mail por adelantado, pero seguro que será mucho mas sencillo, le metes una presentación impecable [Estimados y respetados miembros de la sociedad..], algunas líneas con indicaciones básicas, tu número [nunca falta el pata que ha ido a tu casa como treinta veces , pero aún no sabe si se dobla a la derecha o a la izquierda en la avenida] tu firma, un mapa sin eres dedicado, [o una cita bibliografica en las paginas amarillas si no] y una frasecilla que cautive la intención de tu reu [El que chupe no maneje [vengan en taxi], arriba las manos, abajo las billeteras [el que no pone no liba], hasta el hoyo [cuando se desmaye el primero se van retirando], relajaooo nomás [menos alcohol, mas bromas], vale traer tequila [menos bromas, mas alcohol] entre otras…].

Ahora tu gentita se empieza a juntar y vienen como pueden. La hora de citación varía de la siguiente forma:

HORA DE REUNION [hora que realmente llegan]

8 pm [9-9:30pm], 9 pm [9:30-10pm], 9:30 pm [9:45-10:15 pm, la mejor hora creo], 10 pm [10:30 -11 pm], 11 pm [la famosa post reu, 11:30 a 12am, pero te caen medios ebrios] y 12 am [10 pm, te equivocaste y te caen temprano].

La preparación no es tan fácil como parece..

Una vez que todos están reunidos y alguna música esta en pie, la gentilla empieza a departir. Todo bien, se encuentran amigos lejanos de diversos sitios, “amigos del amigo” que recién se conocen y parejas que se refugian en los rincones. El alcohol esta en proporción y todo marcha bien. De repente alguien baila, se manda un pasito en la pista improvisada, avezado compañero, y algunos lo siguen.

Cuando ya las horas van avanzando y los tímidos hablan; es hora de controlar la bebida. Si un pata se te cae o nace por ahí un jueguito de dados, de preguntas o algo que sugiera la pérdida parcial o total del control físico o mental [los famosos yo nunca o vikingo] es tiempo de retomar las riendas de la diversión y aguantarse un poquito. Solo mantén el alcohol alejado de los implicados, así estos causen risa, pues en un momento pueden causar desgracia.

Una vez eliminada la amenaza relájense un poco, y vean como avanza el momento. Algunos se iran, otros se dormirán y pocos quedaran, así que ve ordenando un poco y prepara el sueño, ya fue mucha diversión, y mañana será hora de limpiar. Algunas recomendaciones:

1) Papel higiénico, mucho de eso, al igual que vasos descartables y servilletas.

2) Que a la 1 am todos sepan como se van a ir, no quieres recoger muertos la mañana siguiente.

3) Consigue un número equitativo de hombres y mujeres. Muchos compadres y se convierte en chupeta, muchas féminas y se convierte en San Antonio, 4 pm.

4) Algo de música ayuda, pero si la gente conversa, bajale un poco, no hace daño.

5) Tener una o dos actividades planeadas tampoco es malo, busca algo que incluya a la mayoría y que sea fácil de aprender.

6) Algo de comida no esta demás, no solo de alcohol vive el hombre.

7) Consigue algo de beber sin alcohol, sobretodo para algunas damas, y agua, te lo agradecerán.

8 ) Si te gusta limpiar solo, genial, pero sino consiguete a alguien que te ayude mientras te chismea de como quedo la fiesta.

9) Pregúntale a uno o dos amigos que les pareció y toma nota para la siguiente.

10) Has que tus reuniones tengan estilo, piensa en grande.

Suerte, y nos vemos en la próxima reu.

J.A. Lulli