Archivos para Febrero 2008

Las presentaciones

Al empezar algún curso o taller, usualmente el moderador o encargado se toma un tiempo para las presentaciones. Suele empezar él, pero luego le toca el turno a los asistentes. ¿Quién no ha tenido que hacerlo alguna vez?

La última que tuve que hacer fue en un taller de crónicas. Dar el nombre y la razón por la que estaba ahí. Dar el nombre, el nombre. ¿Por qué estaba ahí? Me repetía desde que el primero empezó con su presentación. Algunos eran creativos y me sacaban una sonrisa. Otros, nerviosos, hacían que siguiera repitiéndome las preguntas en mi cabeza para tener algo listo. Era uno de los últimos y cuando me llegó el turno dije mi nombre, dije que me gustaba escribir y hice reír a algunos con un comentario sobre el anfitrión.

Pero, ¿qué tan importante es la presentación en lo que queda de ese curso o taller? Pues ahora que estoy a mitad del taller tengo estereotipados a cada uno de los asistentes por su presentación. Así de tajante soy. Está el periodista cansado de su monótono trabajo, la chica que idolatra al profesor y se muere por él, el homosexual que sabe bastante y le gusta enfatizar eso y el escritor frustrado que necesita de esos talleres para escribir algo, osea yo.

Otras presentaciones que he tenido que hacer han sido en el colegio. Año tras año estábamos con la misma promoción, pero aún a veces en algunos cursos nos hacían pararnos y decir quienes éramos y algo más sobre nosotros. Tonterías. El profesor lo hacía porque no quería exigirnos en la primera clase y para burlarse un rato de nuestro apellido al pronunciarlo mal o para preguntarnos si tal persona era un familiar nuestro por tener nuestro apellido.

La primera impresión es bastante importante, en especial si antes de hacerlo sabes que debes causarle una buena a la persona que vas a ver. Entrevistas de trabajo. Tu amor platónico. Los papás de tu amor no platónico. Los casos son muchos y en todos está el factor recurrente de la primera impresión. El apretón fuerte es un clásico para empezar bien un encuentro si eres hombre, como en mi caso. Si la otra persona es una mujer tienes dos opciones: el apretón o el besito. Incluso, el besito se puede dividr en besito en la mano (para los más tarados) o el besito en el cachete (más peruano de lo que creen). Es más. en esta variante hay incluso, una variante más. El choque de cachetes (que sucede el 90% de las ocaciones) y el beso propiamente dicho, en el cachete. Las mujeres no se esperan esta variante, sentir los labios de una persona desconocida en sus mejillas no era algo que esperaban cuando se levantaron ese día. Si no me creen, pruébenlo la próxima vez que saluden a una chica.

“ESTO ES UNA LINEA AMARILLA”

….es lo que dice el letrero que pegamos en el costado de un carro que, constantemente, usa la vereda (además marcada con una línea amarilla) para estacionarse. Uno termina cansándose de estas cosas y, bueno, supongo que la ley limita un poco el campo de acción para represalias. Pegar el cartel fue un poco peligroso con esto de tener que pararse casi en medio de la pista para hacerlo pero medio que valió la pena, aunque sabemos que el guardián que nos gritaba lo habrá quitado en menos de cinco minutos, al menos nuestra sed de sangre justicia se sació un poco.
Carro
carro2

Las fotos están un poco movidas por eso de que estaban a punto de salir a perseguirnos. La calle es Javier Prado, a unas 4 cuadras de la Brasil.

Actualizando las fotos

ESTUNSA

Bueno, acá están las verdaderas fotos de la empresa de transporte público ESTUNSA en la cual me desplazo a pesar de ciertos inconvenientes con los retrovisores ajenos y propios. Pasa por la Av. Sucre, Tdo. Tingo María y luego llega a Comas, por si acaso alguien quiere subirse alguna vez y esperar que pase algo interesante. Si se suben en la mañana recomiendo altamente sentarse en los asientos que estén más cerca al Callao… el sol duele y el sudor fastidia.

ESTUNSA= Empresa de Servicios y Transportes Unión Nacional S. A. (creo)

Pague con sencillo

Una visión rápida a todos los implementos del chofer: la calaverita veraniega, la fresita aromática, los 3 espejitos retrovisores para buscar pasajeras “agrasiadas”, el manual de las multas 2008 (indispensable), la foto de jesús (o de algún otro personaje coetano) tapada por una infestación de estampitas y rosarios, el periódico guardado abajo de un “sillón” que dice “prohibido sentarse”, creo que veo unos lentes de sol (aparte de los de la calavera)… seguro se pueden divertir encontrando las demás cosas (una linterna??). Pero lo que más me gusta es la palanca de cambios: está tan atrás que el conductor debe estirarse para jalarla (sin voltear claro) y ponerla en el cambio correspondiente. Esos micros son los que valen la pena tomar.

Una gaseosa nunca cae mal

Gaseosa en una banca

El día era muy caluroso y una gaseosa gratis nunca cae mal. La dejé en el parque de la Exposición alrededor del mediodía y estuve veinte minutos a unas bancas de ahí esperando por si alguien la tomaba pero nadie lo hizo. Muchos la miraron, algunos se rieron, pero nadie la tomó. Espero que alguien lo haya hecho.

Una noche con La Sarita

dsc00041.jpg


Sentía que me estaba quedando sordo. El parlante derecho del escenario estaba muy cerca a mí y mi oído estaba sufriendo las consecuencias. Toda la gente a mi alrededor estaba saltando y coreando las canciones que La Sarita (grupo limeño ayacuchano, como ellos mismos dijeron) estaba tocando.

El vocalista de la banda saltaba y realizaba todo tipo de gestos para satisfacer al público. Se notaba que era un tipo carismático, a pesar de su poco agraciado rostro. Vestía un polo rojo sin mangas, que no hacía sino revelar sus flacos y poco musculosos brazos.

“Guachimán”, le gritaba el público, reclamándole una conocida canción de su repertorio. Parece que los escuchó, pues se retiró un poco del escenario para buscar su gorrita marrón y su camisa crema. Fue arreglándose mientras los primeros acordes empezaban a sonar. Finalmente, tenía listo su atuendo. “Esta canción se la dedico al guachimán de la residencial” y comenzó.

Esta fue la única cancíón de la noche en la que salté y coreé como todos en el local. Era una fusión de rock con chicha que resultaba una delicia para todos nosotros. La letra era bastante inusual, empezaba con “Centinela de las noches, me dicen el guachimán, mi deber es ver los coches de un barrio residencial”.  Ya la había escuchado en vivo un par de veces y cada vez  me resultaba más entretenida. Las letras irreverentes de este grupo y la forma en la que mezclaban el rock más duro con la chicha y la música ayacuchana era lo que los diferenciaba del resto de bandas locales.

Había llegado a ese concierto de casualidad, cuando un amigo me dijo que había escuchado en la radio que La Sarita iba a tocar esa noche. Al final nos encontramos con otro y llegamos al local a eso de las once. La música era buena y estuvimos conversando hasta que se llevaron los sillones y la banda apareció.

“Y a pesar de todo, hay gente en la esquina que no valora el trabajo del guardían, y me paga lo que les parece, si hasta mis perros han tenido más suerte que yo” 

La canción terminó. El concierto todavía iba a seguir, pero nosotros ya no teníamos fuerzas para más. Decidimos subir por las escaleras y terminar aquella noche con La Sarita. Ya eran cerca de las dos de la mañana del catorce de febrero y mi oído derecho ya se había ido a dormir.

La mujer y las combis

Hace como 4 años empecé a utilizar el transporte público. En verdad no tenía razones para no haberlo hecho antes, pero supongo que me daba flojera y además no lo necesitaba tanto como lo necesité una vez que entré a la universidad. Desde entonces y hasta hace cosa de un año (cuando me decidí a arriesgar mi vida por cuenta propia en mi carro) puedo afirmar que no he visto más de siete mujeres trabajando en una combi. Esto no me sorprendía mucho porque me imaginé, justamente creo, que en una sociedad como la nuestra, un puesto de trabajo tan “maleado” caería regularmente en manos de un hombre. Además, las veces que veía mujeres me daba la impresión de que se trataba nada menos que de la esposa del chofer (no se cómo me doy cuenta de esto, pero a veces se puede ver a la familia completa, con el hijo de copiloto) o que, además, ocupaba un lugar subordinado a este.

En fin, todo esto cambió hace unas semanas cuando, manejando para ir a trabajar a eso de las 7 am (“a quien madruga, etc”) me encuentro con una combi, del Chama por más señas, siendo conducida por una señora un poco gorda. De frente esto me puso a pensar “¿quien está de cobrador?” Después de un par de maniobras semilegales pude ponerme en la posición correcta para poder ver que el cobrador era un hombre. Un hombre de cobrador con la mujer de chofer, esto era algo nunca visto, era casi como romper un paradigma (un paradigma absurdo quizás, pero me limito a contar lo que veo). Involuntariamente me encontré compadeciendo al cobrador; no es muy bueno que te escojan para romper paradigmas y menos si te los rompe una señora gorda que bien podria ser la pasajera que metes, no sin dificultad, al fondo con tal de conservar tu “asiento de cobrador”. Por otro lado, lo que me puse a pensar, ahora si más conciente, era en el cambio que esto significaba en realidad.

Ser chofer en una combi implica más que simplemente poseer la habilidad de manejar de una manera peligrosamente cercana al suicidio mientras llevan a sus pasajeros de una manera rápida y no muy insegura. Más, también, que tener un conocimiento casi enciclopédico de las calles por las que no pasa su ruta (“por ahi no voy, pe causa”). Ser chofer significa ser la autoridad máxima a bordo de una combi con decisión sobre la vida y la muerte sobre sus pasajeros (y a veces los pasajeros y choferes de otras combis), significa ser capaz de regir, mediante salomónicas sentencias, sobre los altercados entre los pasajeros y los cobradores. Por último, significa ser capaz de bajarse de la combi y matar a cuchilladas a otro chofer porque le quitó un pasajero (esto ha pasado al menos una vez).

Ahora bien, cuando los hombres vemos a una mujer común y silvestre subir a una combi lo último que esperamos es que salga por la ventana a matar a un colega utilizando un instrumento punzcortante. Si algo, las vemos como indefensas frente a la apabullante (in)humanidad amontonada dentro de una combi. Por eso algunos les ceden sus asientos, quedando en una posición que es casi, pero no completamente, intolerable hasta el punto de mandar al diablo a la caballerosidad. Y bueno, si comparamos a la mujer promedio que viaja en una combi con el chofer promedio que conduce una podemos darnos cuenta de por qué, mientras a una le reservan un asiento, al chofer promedio sólo se le permite sentarse porque es una buena forma de no tenerlo cerca.

Cuando una mujer asume este rol, entonces, nos encontramos con algo inesperado, al menos desde el punto de vista combístico; tenemos una especie de contradicción de papeles. Por un lado tenemos a un personaje que es la representación física de una combi: de dudosa legalidad, contaminante, irrespetuoso, eternamente abollado y con un hedor peculiar. Del otro tenemos a alguien que no es nada de eso, pero tampoco es lo opuesto, simplemente que no parece pertenecer (en la mayoría de los casos, porque también hay mujeres combistas a mucha honra) a tan extraño medio de transporte. ¿El resultado? En teoría significaría una distribución de generos más equitativa en trabajos que anteriormente solo estaba ocupados por hombres. En la práctica solamente significa que la próxima vez que te pelees con el cobrador, la voz que gritará desde adelante “dale china y que se baje” será posiblemente de una mujer.

Una visita al Parque de la Exposición

Salí de mi casa a las once y tomé un colectivo en la avenida Arequipa. Era el único pasajero. Después de algunos minutos de un aburrido trayecto, le pregunté al conductor desde qué hora estaba trabajando ese día. Me dijo desde las siete y media. Fue bastante cortante, pero me aventuré a preguntarle algo más. “¿Por qué eligió esta ruta para hacer colectivo?” El chofer me contestó “Esos se toman más allá”, una respuesta que no tenía nada que ver con lo que le había preguntado. Dejé de hacerlo y esperé a que llegáramos a mi paradero.

Al llegar a la plaza 28 de Julio, me bajé del colectivo y caminé un poco hasta llegar a la entrada del Parque de la Exposición. Luego de algunos pasos, me encontré en una especie de mini zoológico. Patos, gansos, aves… había bastante gente alrededor de las pequeñas lagunas viendo los animales. Yo era uno de ellos.

dsc00022.jpg

Seguí avanzando y me encontré con un comedor. Habían un montón de puestos que vendían todo tipo de comida y mesas al frente de la laguna en donde la gente se sentaba en familia. En la laguna habían algunos botes pedalones que iban y venían sin sentido alguno.

dsc00026.jpg

Continué mi recorrido y me encontré con el Museo de Arte de Lima. Me animé a entrar y fui detenido por dos personas que querían mi dinero para poder entrar. Salvo los estudiantes de la Pacífico, del Británico y de un par de instituciones más, todos debían pagar seis soles y cinco, los estudiantes. Le di los cinco soles que querían y subí las escaleras. Arriba, había otro señor que me preguntó si tenía cámara. Le dije que sí. Ahora me preguntó si tenía el pase de diez soles para tomar fotos. Le dije que no. Acto seguido, agarró su walkie talkie y le dijo a alguien “va a entrar alguien con cámara sin pase, tengan cuidado”. Después de eso me dijo que no podía tomar fotos y que empiece el recorrido por la puerta de la izquierda. Inexplicablemente sentí que lo que tenía en el pantalón ya no era una cámara, sino un arma.

Pero le hice caso. No tomé fotos en el recorrido. Pero esto no fue porque le tuviese miedo a él y a sus amigos de seguridad que me vigilaban en todo momento, sino porque no había nada a qué tomarle foto. Todo era bastante aburrido y poco espectacular. Además, fue bastante corto. Es difícil pensar que el Museo de Arte de una ciudad tenga tan pocas obras de arte (solamente estaba abierto un piso que contenía un salón principal y unas tres o cuatro salas adicionales). Decepcionado y con cinco soles menos, salí del museo.

A algunos metros de distancia, se encontraba una especie de casona en la que se encontraba una banda tocando una marinera. Me acerqué a ella y encontré que estaban dando una obra teatral en el interior. Cuando me disponía a entrar, un señor me dijo “No se puede, dicen que a las once empezó y que no entra nadie después”. No importa, me dije, y regresé cerca a donde se encontraba la banda. Me senté en una banca cercana a descansar, cuando vi lo siguiente.

Sí, una señora bailando al son de la banda que metros atrás tocaba un marinera norteña. Al parecer sus familiares estaban guardando aquel recuerdo en una cámara similar a la mía. Me hicieron sonreir en ese día tan caluroso.

Ya estaba cansado y debía llegar a otro lugar cercano, así que decidí salir del parque. Ahí fue cuando me di cuenta que no sabía por donde estaba la salida. Una opción era regresar por el mismo camino por el que vine, pero era un poco largo, debían haber otras salidas. Y sí, las habían, pero estaban cerradas. Algo bastante fastidioso, ya que el sol cada vez se ponía mas fuerte. Caminando, pasé por una pista de fórmula 1 para niños.

dsc00031.jpg

Después de algunos minutos, llegué a una salida, que daba a otro comedor, esta vez de comidas típicas. Juanes, anticuchos y muchas mujeres con trajes atrevidos tratando de captar comensales era lo que había en ese lugar. Pensaba comer en mi casa así que solo di una mirada al lugar y salí de ahí, esperando que el soll fuese más clemente conmigo.

 

¿Quién manda a quién?

 

Bueno, el caso es simple y sencillo, comenzó hace algún tiempo. Pero la ineptitud de una rueda del coche, llamado “gobierno”, que mete la pata hasta la sien y no le importa.

 

Presentemos primero a los protagonistas del asunto. En la esquina roja, con 185 kg de sobrepeso, tenemos al gordito/afanoso/mafioso llamado Fernando Zevallos, aka Lunarejo por la elíptica marca oscura en su rostro. Este simpático personaje se dedicaba al inmaculado negocio de la aviación comercial, con la muerta y enterrada Aero Continente. Y como todo buen capo, dinero, bastante dinero, y poder. Bastante poder. Ahora al parecer al tío este le encantaba la selva, y paraba de viaje en la amazonía. ¿Qué curioso, no? Bueno, al final al parecer este afanoso, traficaba ilícitamente droga [¿Existe alguna forma de que esto sea legal?], dominaba con audacia el mundillo del lavado de dinero y casualmente se quitaba de en medio a algunos archirivales que le estorbaban el camino, de la selva al avión Lima-Miami-Lima.

 

Ahora en la esquina azul, con 76.5 kg , a la fiscal Luz Loayza, aka Highlander, la inmortal, por evadir cuanta amenaza de muerte que le cae encima en su mail [tanto así que Google casi lo clasifica como spam], teléfono y celular [los clásicos mensajitos, te estoy viendo, ya te jodiste, y cosas por el estilo]. Su historia es menos complicada, la señora se hizo fiscal, en Iquitos, y se dedicaba día a día a meter a la cárcel a cuanto narco se le metía entre las narices. Hasta que pescó en aguas profundas. Jaló el anzuelo, y un pez gordo con lunar incluido cayó.

 

Ahora viene lo interesante. Lunarejo esta siendo procesado, y no faltan pues los 350 testigos [también pokémons, creo] que se están dando a la fuga. Ponen en el banquillo al simpático de Zevallín, y los testigos hacen carrera. Ya en los últimos meses, cada semana sale un nuevo caído de esta cacería, un testigo más a la morgue. Así que contra la corriente se le juzga al infeliz. Y no es para menos, el capo todavía tiene sus redes. Pero, digamos que le preguntemos a Lunarejo – ¿A quién odias mas? – yo apostaría que me dice que la sra Loayza sería la primera en la lista. Pero aquí se pone gracioso.

 

Doña Luz le dice a sus jefecitos del juzgado, que se queda en la capital, y bien resguardada pues le caen [como ya sabemos] unas amenacillas de unos señores con buenas intenciones. Lógico. ¿Y qué le responde el jefe? Un feo y rotundo no, por que no tenemos pruebas, así que te regresas a Iquitos. Cualquier combista de media caña [que no fue a la honorable escuela de Sarita Colonia] sabe que a esta señora deberían guardarla junto con los vladivideos, o en su defecto en el recinto mas seguro del país. Pero a los señores este de junta de fiscales, con una décima de dedo de frente, no les parece. Inclusive el ministro del interior, Alva Castro, le da la razón a la Sra Loayza. Pero ellos no escucharon, ni vieron nada.

 

Y es que en este país la justicia no solo ha perdido la capacidad de oír, ver o hablar, sino que al parecer le han practicado una lobotomía, y mal. Ojala estos se arrepienta de su decisión. Abajo los narcoterroristas, eso es solo para las películas.

 

Policía peruana en Gizmodo

riotpolice350.jpg

Sí, nuestra querida policía anti disturbios apareció hoy día en Gizmodo, aunque con varios meses de retraso. La foto corresponde al desfile del 28 de julio del año pasado, y muestra a nuestros acorazados hombres que como dice la página, nos hacen recordar aquella película con el actual gobernador de California, Judge Dredd.

El destino de la humanidad o ¿por qué todo termina en algún tipo de destrucción masiva?

En estos días en el que el fin del mundo se anuncia cada cierto tiempo con más insistencia y más palabras científicas, creo que es importante ponerse a pensar en si en verdad tenemos probabilidades de acabar como en Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, el Día Después de Mañana, los patas de Soylent Green, Impacto Profundo o, dios nos libre, Waterworld. Es por esto que he recopilado algunos de mis escenarios favoritos o, al menos, los que me resultan más conocidos.

1. Calentamiento Global, inundaciones, etc.

Según esta predicción, las emisiones de ciertos gases como el CO2, CO, SO2 y, bueno, el vapor de agua crean un efecto invernadero en la atmósfera terrestre que retiene el calor solar cada vez más de manera que la temperatura de la tierra aumenta constantemente. Hasta aquí todo bien, pero a partir de este punto empiezan a aparecer las dichosas teorías que obligatoriamente inventa la gente en situaciones así. Una que me gusta es esa de que si seguimos a este paso el oxígeno de la tierra se acabará. Esto es estúpido. En verdad. Es como pensar que el agua del mundo se va a acabar. Bueno, otra es que el calentamiento derretiría los hielos en los polos y eso elevaría el nivel del mar. Esto si es probable hasta donde se, aunque, como generaría una especie de mundo como Waterworld, tenemos que descartarlo por mal gusto. La tercera alternativa es que la atmósfera se convierta en algo como el planeta Venus, donde creo que llueve ácido sulfúrico. Esto al menos sería interesante.

Probabilidades de ocurrir: según Al Gore, creo que como 100%, según yo, un poco menos, si es lo de Waterworld, no deberíamos ni considerarlo.

2. Meteorito o cometa

Bueno, esto no es tanto una predicción como una posibilidad. Ya ha pasado antes y pasa constantemente así que lo único que creo que se tiene que discutir aquí es la escala del asunto. Mi escenario preferido es uno que, creo, nadie a tratado lo suficiente: imaginen un meteorito lo suficientemente grande para que, al irse contra la Tierra, destruya el 98% de la vida en su superficie. Parte de la humanidad, previendo esto, se han refugiado bajo tierra con la esperanza de salir cuando las cosas se pongan mejor. Lo que no saben, y lo que de alguna forma macabra hace interesante mi historia, es que la superficie se ha convertido en algo como la descripción de Venus que hice en el punto anterior obligando a la gente a convertirse en una especie de seres subterráneos que viven curiosas aventuras mientras tratan de encontrar comida bajo tierra y adaptarse a eso de ver sin luz. En verdad, deberían hacer una película sobre esto.

Probabilidades: Mientras pase después de que se estrene mi película, 100% creo. Eventualmente va a pasar así que vayan excavando.

3. Guerra Nuclear o Biológica

Esto era el favorito en la guerra fría, ahora solo hay que cambiar nuclear por biológica y listo, nuevo apocalipsis miltarizado. Sobre esto, leí en algún lado que, por lo general, al plantearle esta situación (y bueno las demás puestas aquí) a cualquier persona esta se cuenta automáticamente entre los supervivientes. Siempre están dentro del 10% inmune al nuevo virus de los terroristas musulmanes, siempre se les ocurrió meterse bajo tierra cuando cae el meteoro (en vez de hacer lo obvio y saquear todo), etc. Bueno, en cualquier caso, este escenario se pone más interesante cuando consideras lo que pasa después del ataque biológico o nuclear. Supongamos que sobreviven unas cuantas personas. En el mejor caso se verán metidos en un mundo donde ellos son los únicos humanos vivos con la autoridad sobre todas las cosas que eso les da. Imagínense, todas las tiendas, restaurantes, casas etc. a tu libre disposición. Genial, ¿no? No, porque que las demás personas ya no sean humanos no significa que estén muertos. Bienvenidos al apocalipsis zombie. Otros casos incluyen el conocido invierno nuclear que cambiará la superficie de la tierra de alguna forma (no estoy muy seguro como, porque nunca ha pasado) y la humanidad, si sobrevive, terminará evolucionando a algún tipo de ser que resiste la radiación (lo que sería increible) y eventualmente la historia se reiniciaría. O algo así.

Probabilidades: Creo que cada vez menos. Si el siglo veinte demostró algo es que las amenazas de un apocalipsis causado por una guerra no son muy creíbles. Aunque bueno, todavía tengo fe en que la raza humana se autodestruya eventualmente.

4. Invasión Extraterrestre

Esto, por la cantidad de películas estúpidas que han hecho, ya dejó de ser interesante. Creo que todos los escenarios se han tratado, y por todos me refiero a todos. Quizás nadie ha considerado la posibilidad de que podríamos dividir la Tierra con los invasores, pero eso sería medio flojo y además donde está la violencia necesaria….no se, ya ni se que estoy diciendo sobre esto, olvídense de los extraterrestres, ni siquiera se ha demostrado que existan. En cualquier caso, creo que los veríamos venir un buen tiempo antes de que aparecieran, con la de radiotelescopios que tienen escanenado el cielo….

Probabilidades: Con sólo empezar a considerar las que la vida inteligente extraterrestre tiene de existir, ya estamos como por cero.

5. En la que no pasa nada apocalíptico

Esta es la que potencialmente puede ser la más aburrida. Tristemente Felizmente, es lo que hasta ahora le ha pasado al ser humano y lo que al parecer le va a seguir pasando. De este escenario podemos esperar cosas como la exploración espacial, la clonación de humanos, el Soylent Green eventualmente, gente mudándose a Internet, robots que hagan algo más interesante que intentar moverse como estatuas artriticas, Multivac, Al Gore como presidente de la luna, espadas laser, el descubrimiento del FSM y nanotecnología (lo que nos lleva al siguiente y, por ahora, ultimo punto).

Probabilidad: bueno, las cosas ya van por este camino así que, a menos que Al Gore tenga razón sobre el punto 1, 100%

6. Gran masa gris

Esto es lo que pasa cuando las cosas van bien por mucho tiempo. A alguien se le ocurre lo interesante que sería crear uos cuantos nanorobots autorreplicantes y bam ya no hay nada excepto eso. El problema con esto es que, a mi parecer, nadie a dado argumentos definitivos (aunque hay unos buenos en wikipedia) en contra de esto así que la próxima vez que alguien les hable maravillas de la nanotecnología, tapense los oídos (o hagan la señal de vade retro) y corran gritando “gran masa gris”, quizás eso ayude. O quizás les dé más sentido a sus vidas, ya ni se, al menos no dejen que les inyecten robots en el cuerpo, querrán hacerlo eventualmente, lo predigo.

Probabilidades: A este paso, ni idea, pero cuando empiecen a venir con las inyecciones de robots, quemen todos los laboratorios. Están advertidos.