Busca-la-mina

Mi primer experiencia con el juego buscaminas fue gracias al buen msn messenger. La situación típica: algún sábado en la noche en la casa, aburrido y solo pero con la firme determinación de permanecer despierto con la falsa esperanza de que aparezca alguien conectado y que me arme “el plan”. Felizmente, muy pocas veces soy el único en esa situación y echando una ojeada al programa este de mensajería instantánea uno puede apreciar una gama de personas con las cuales no saldría nunca pero frente a un caso como el anterior descrito no me molestaría hablar. Los juegos en la conversación vienen ya cuando no se puede inventar ninguno otro tema de conversación y la desesperación gana. Todavía me acuerdo cuando recién salió el michi (era el único juego en ese entonces), a pesar de ser aburridísimo lo jugué bastante.

En verdad, yo le gano

En verdad, yo le gano

Volviendo al buscaminas: comenzé jugándolo contra mis contactos-víctimas y tengo que admitir que había cierta satisfacción de ganar y ver que se podía llevar la cuenta de los partidos ganados, empatados, perdidos y compararlos con los de mis contactos. No me importaba mucho si no sabían jugar, yo les mandaba la invitación sin siquiera decirles el trilladísimo “hola qué tal?”. Ahí me di cuenta de lo fácil que es que acepten una invitación a algo que no saben qué es. Ya cuando comenzaba el partido me preguntában cómo se jugaba y yo les daba el mismo “copy-paste” a cada uno: “el número te dice cuantas hay alrededor, hazle click a las minas”. Las reglas eran demasiado simples pero claro también estában los que no entendían y hacían que me arrepintiera de retarlos. También estaban los que pensaban que el juego era hacer click adivinando y se sorprendían de que yo era tan “buen adivinador”. Poco a poco se iban  forjando los contactos-jugadores de buscaminas y ya tuve gente digna de retar y competir por el puntaje total. Me acuerdo de llegar al punto de tener 4 partidos abiertos en conversaciones, quejándome con los que jugaba de que jugaban muy lento.

En ningún momento de mis épocas de jugador por internet se me ocurrió jugar el de windows, “ese es otro level” pensaba, muy difícil. Encima tenía otras reglas raras (al revés) y aparte el hecho de jugar contra el tiempo no me llamaba la atención. Solo necesité mucho tiempo libre en una muy aburrida clase de computación para darme cuenta de que ese juego tampoco era tan malo. Poco a poco le agarré gusto, lo mejor era que no dependía de nadie para ponerme a jugar y siempre podía hacerlo más rápido. Primero con banderitas y simbolitos de interrogación tratando de acabar el nivel experto y si me perdía por poquito (un cuadradito o algo) hasta guardaba la imagen de recuerdo .

M�ralos nada más

Míralos nada más

Con el tiempo he dejado de tener esa enfermedad compulsiva de abrir el buscaminas y cerrarlo 3 horas después medio mariado e insatisfecho pero nunca le he perdido el respeto y hasta ahora lo juego. Averiguando un día para ver cómo era la cultura del buscaminas en todo el mundo me topé con records insuperables en cada dificultad y una serie de campeonatos, foros, rankings y demás.

Ahora, una breve descripción del juego: Tienes una pantalla llena de cuadrados en blanco (o gris). Para empezar, haces un click en algun de ellos (cualquiera). El cuadrado podrá mostrar una de dos cosas: una mina o un número. Si te toca mina pierdes, si te toca número (entre 1 y 8), este te dice cuántas minas hay alrededor de ese número (arriba, abajo, derecha izquierda y las 4 diagonales). El objetivo es hacer click en todos los cuadrados que NO son minas (sin perder claro).

Atención: puede llegar un punto en que tengas que adivinar y ahí solo queda meterle su champa y rezar porque salga bien. Aunque claro, se ha demostrado que hay formas de champear y formas de champear. A veces no importa tanto las probabilidades de que el click que hagas sea una mina sino qué tanta información te daría el cuadrado que revelarás en caso no sea una mina.

También hay formas de medir la dificultad de un un juego (qué tan fácil es un determinado juego de principiante) contando la mínima cantidad de clicks que se deben hacer para resolver el juego.

Los records oficiales de solución de buscaminas son los siguientes:

Principiante: 1 segundo. (parece que se puede resolver de un click también pero ese no cuenta).

Intermedio: 10 segundos.

Experto: 37 segundos.

(Los míos en esta computadora son: 4, 38 y 111 respectivamente)

Para los usuarios de buscaminas para windows (porque sí, hay muuuchos tipos de buscaminas), que no sean vista aparentemente, hay un truco para saber si un cuadrado será mina o no. Apretas xyzzy y después shift+enter. Así, cada vez que pases el mouse por una mina, habrá un muy chiquito punto negro (un pixel) negro en la parte arriba a la izquierda de la pantalla de la computadora.

También hay un video que encontré en el que te enseñan a sacarle otra opción al buscaminas, no lo intenté porque necesitaba borrar los puntajes y ya les agarré cariño pero si alguien quiere tratar me avisa.

Para terminar, parece que hay una persona que quiere usar este juego para demostrar uno de esos problemas matemáticos de un millón de dólares (literalmente) sobre pruebas lógicas y demás. Ver acá.

Sé que ya dije “para terminar”, pero también hay un video muy bueno de un trailer falso de la película buscaminas que es digno de verse.

 

Te compro tu alma

Barte vende su alma a Millhouse por 5 dólaresMuchas personas se escandalizan cuando viene alguien y de repente menciona una frase que le da a la vida algún valor cuantificable al tipo de cambio del día. Es más, según he escuchado, también hay gente que se indigna (con su “¿Pero cómo es posible?” y todo) de que se le ponga precio a la felicidad en una clase de economía, sí: de economía, el curso donde no se les pone precio a las cosas porque son muy bonitas y sagradas. Estos románticos y poetas “quiero-ser” soñadores parecen no comprender lo práctico que es poner un número en alguna situación, pero claro: lo más probable es que su perfil incluya un gusto sobreestimado de la lectura, un disgusto irracional por la matemática (y la lógica) y un afán de indignación y protesta sin límites conocidos. No vale la pena discutir.

 

La vida tiene precio, con escalas y a plazos. Se llama “Seguro de vida” y algunos lo tienen y otros no. Lo importante es que esa controversia de “¿Cuánto vale mi vida, ¿y la tuya? ¿Cuál vale más?” terminó hace tiempo cuando alguien decidió que quería ganar dinero y le importaba más cuántos pagaran que cuántos se quejaran. Lo seguros de vida (de alguna compañía conocida) pueden costar $540 al año (o menos quizás) y generalmente son calculados según la probabilidad que tenga una persona de morir. Es por eso que a los que fuman les cuesta más (algo tenía que tener ese hábito de malo) y claro, depende de la edad en la que comienza tu seguro, tu género y muchas otras cosas que ellos deben saber muy bien.

 

Acá en el Perú, la expectativa de vida se encuentra entre 70 y 72.5 años. Hay algunos países con más de 80 y otros con menos de 40. Pero no en todo el Perú la gente muere al mismo tiempo, depende también del estilo de vida y los alrededores. (creo que todo este párrafo está de más).

 

Más informalmente, hay otras formas de medir el valor de la vida de una persona (o al menos ver empíricamente cuánto aprecia cada la suya). Digamos que son como especuladores en un mercado en el cual su propia vida es el producto.

 

Caso conductores (en especial los de taxis y micros)

 

La situación es bien interesante: Hay un cruce de dos avenidas y no hay un semáforo que regule (para que sea un poco más real), hay específicamente un taxi y un micro en cada avenida dispuestos a cruzar (porque están apurados) y ahora agreguémosle muchos carros por todas partes. Muchos pensarían que ganaría el más grande (el micro) pero la cosa es más complicada que eso. Es necesario entrar a la cabeza (solo simbólicamente) de cada uno. Ninguno quiere chocar pero quieren pasar (para dejar de una vez a su pasajero, que le pague y seguir con su día, etc) y sabe que el otro piensa en lo mismo exactamente. Los dos también saben que al final, o pasa uno, o chocan los dos: no hay otra solución.

Milagrosamente, la mayoría de veces uno sede y el otro gana (no hay choque). De repente el incentivo es que hay un 50% de probabilidad de pasar.

 

Claro, el tamaño sigue importando, a la vez que la velocidad que tenga cada uno cuando llegue al cruce, el ánimo del conductor, los policías por los alrededores y si la calle está completamente rota. Pero lo que siempre cumple es “el que ama menos a su carro pasa”, el que da a entender que no le importa un choque más, que su carro no vale nada y su vida muy poco, ese pasa (o, muy pocas veces, muere en el intento). De alguna forma tienen que ingeniársela los ticos para sobrevivir.

 

 

Caso limpiadores de ventanas.

Otra situación que es más fácil de explicar es limpiar lunas de edificios altos. Yo no sé cuánto les pagarán a esa gente que se para en el borde (sin más protección de la que usa alguien al caminar por la calle) y comienza a frotar las lunas con un trapo. Son dignos de admiración y respeto. Verlos es como un espectáculo. Es más, yo creo que deberían avisar cuando van a limpiar alguna luna, para que así las personas se amontonen a ver como pone su vida en peligro y le tiren (con mucho cuidado y precisión) unas monedas hasta donde está.

 

Y no parecen ser más remunerados que otra persona. Debe ser porque hay muchos que están dispuestos a hacer el trabajo. Muchos están dispuestos a arriesgar su vida por limpiar una luna por un día de pago. Diariamente tienen una alta probabilidad de morir. Me gustaría pensar que cada día de trabajo que pasa tienen menos probabilidad ya que algo de técnica van formando, pero nada puede prevenir un fuerte viento o un suelo resbaladizo.

 

Acá el video que inspiró el artículo: Un anónimo limpiador de lunas del edificio de mi cuadra haciendo aquello que sabe más.

 

Energías Alternativas

Y bueno, todo indica que el petróleo está out (o en un lbicicleteaenta y larga decadencia) mientras que todo lo demás está in: Gas Licuado de Petróleo, Gas Natural, (Gas Ideal), Etanol, Carbón, Aire, Tierra, Agua, (Corazón). Pero muchos todavía usamos nuestro rico carro a gasolina porque si bien el precio del galón barril (gracias andrea) de petróleo ya está medio alto (114 dólares me dijeron la otra vez), no justifica toda la vaina de meterle un balón gigante en la maletera.

El asunto es que poco a poco, los precios de los demás competidores van subiendo y no hay nada que podamos hacer, ¿o sí? No, en verdad no hay nada que podamos hacer para remediarlo. Pero si algo he aprendido en algún momento iluminado (hay pocos) de mi vida es que somos libres por la voluntad general de los pueblos y la justicia de su causa que Dios defiende (sí, Dios nos defiende a nosotros nomás). ¿Libres para qué? Libres para, en la medida de lo posible, no caer esclavos de una situación en la que podemos hacer algo para remediarlo. Nunca es bueno aceptar (pagar) incondicionalmente lo que sea que nos pongan en frente (eso va para los que pagan esas “lavadas” de carro en los semáforos largos).

Entonces, ¿cuál es el único tipo de energía del cual dispones a total libertad y tienes los medios para convertirla en trabajo (algo útil) cuando quieras? De tu cuerpo. Somos unas (no sé qué tan eficientes) máquinas que cambian alimento (aire, agua comida) por trabajo. El proceso por el cual funcionamos es un poco complicado pero lo importante es que siempre que haya alimento, habrá energía y podremos hacernos útiles por nosotros mismos.

Por ejemplo, en vez de quejarte porque no tienes carro, de que el transporte público es un desorden, que es muy lejos para caminar, que los taxis… (no sé cuál es el principal problema con los taxis: ¿te raptan o es que cobran caro? Nunca me han raptado y seguido me cobran caro pero yo no decido). Bueno, en vez de todo eso: agarra tu bicicleta, porque es muy probable que tengas una, y úsala. Si no tienes, cómpratela, está menos de 300 soles una buena. Si es peligroso: usa casco. Si sudas: cámbiate de polo. Y lo mejor de todo es que no estás atado en ningún momento a nadie mas que a tu tiempo, a tu cansancio (ya, no seas vago tampoco es tanto). Es verdad que no se puede ir a todos lados en bicicleta pero a muchos más de los que se cree, solo porque no es común no lo hace malo. La verdad no vendo bicicletas pero tampoco quiero quedarme diciendo tantas cosas sobre ella: no acabaría y mi tiempo vale.

Y si vienen con la excusa de que no hay tiempo o fuerzas (y claro, yo pudiera responderles ahí donde están), les diría que sí hay los dos: Solo tienen que recordar todas esas veces a la semana que van al gimnasio para perder peso (o hacer crecer los músculos). Toda esa energía desperdiciada no es poca. ¿Por qué no en vez de gastarla la usamos? Nos ahorraríamos tanto el gimnasio como el transporte o lo que sea para lo que usemos la energía.

Justo ahora estuve en una clase de economía en la que vimos ese tema de la dependencia del consumidor en un producto. Es cierto que necesitamos el recurso (eso hace que seamos más dependientes) pero si logramos que hayan más propuestas energéticas (aumentar la competencia nos hace menos dependientes) podremos compensar un poquito nuestro consumo en el día a día.

Por eso es que, ahora que la energía cuesta caro, es hora de valorizar más nuestra energía, lo que podemos producir nosotros por nosotros mismos.

Y como última reflexión: los seres humanos no contaminamos: abonamos la tierra.

El rosado y el hombre

Pantera RosaEs verdad que con el tiempo, la sociedad ha ido rompiendo con los tabús, las discrminiaciones (raciales, de género, de religión, y hasta de inteligencia), las desigualdades y todas esas cosas divertidas que bien pueden llamarse tradición (como ya fue explicado detalladamente en otro post anterior). Acá en Lima misma, pueden verse muchos casos de intolerancia y discriminación.

Como por ejemplo: me he dado cuenta de que en algunas partes de lima, no se ve tan mal orinar en el asfalto de la pista mientras que en otros lugares todavía no son lo suficiente tolerantes y se ven forzados a llamar a un serenazgo para que… (¿qué hacían los serenazgos?) te lleve fuera de su distrito.

Pero de eso no iba a hablar. Quería hablar de una discrminación que se encuentra casi en todas partes y está centrada en un poco menos de la mitad de la población. Si yo veo a un desconocido usar un polo rosado no dudaría automáticamente de su sexualidad, pero mis sentidos estarían alertas (inconcientemente claro) a cualquier indicio que me haga saber la verdad.

En cuestiones de ropa, las mujeres no temen por su aparente orientación sexual (al menos no le temen a un color en particular). Claro que sí se preocupan más, ya que el tema se pone más complicado (mucho más complicado) cuando el culpable no es un color específico como en el caso del hombre sino es el gusto impuesto por alguien que quiere ser millonario diciéndole a la gente cómo debe vestirse y consiguiéndolo.

¿Cómo llegamos a temerle a un color? ¿Cómo podemos dejar de hacerlo? Es my fácil: no hay razón alguna por la cual un hombre no pueda salir con alguna prenda rosada (siempre y cuando no sea una cartera rosada). Pueden ser lentes de sol, un short, un polo, un celular, zapatillas, etc. Es verdad que no hay mucho mercado para hombres de ese color, pero eso me lleva a otras preguntas: ¿En qué se diferencian un polo de hombre de un polo de mujer? ¿Solamente el tamaño? ¿Por qué los polos de mujeres deben ir apretados? (debe ser incómodo).

Talvez algunas de estas preguntas tienen respuestas fáciles y lógicas pero creo que muchas otras no (como la de los serenazgos por ejemplo). Mientras tanto,creo que me compraré un poco de ropa de color rojo desteñido y usaré mis, recientemente adqueridos, lentes de solmorado claro.

El Dilema del que espera LA combi

Siempre me encuentro en la misma situación: Estoy en algún paradero (nunca prohibido) y estoy con el tiempo bien: una tolerancia de 5 minutos para tomar un bus en particular está más que sobrado de tiempo. De repente pasan 6, 7, 8 minutos y no viene. En ese momento comienzan a salir nuevas posuibilidades, ya que todavía no se está uno muy tarde: Puedo esperar un rato más (ya debe estar cerca de llegar), puedo tomar otra linea de bus y caminar un poco más o tomar dos líneas de bus.

MussoliniEl problema está cuando llegan a pasar sus ricos 10 minutos y nada ¿Lo habrá parado la policía? ¿Se le habrá malogrado el carro? ¿estarán simplemente muy atrasados? Es ahí cuando todas las soluciones posibles (incluídas las más locas) salen a flote misma pesca con dinamita: ¿Ir en taxi? ¿Ir caminando? ¿Seguir esperando? ¿Tomar el primero carro que vea? De todas maneras es casi seguro que llegaré tarde (a menos que la opción de ir en taxi sea realmente una opción, ya que no lo es), lo importantes es cómo.

Para solucionar este problema es importante saber si es necesario llegar a la hora, es decir, si estoy yendo a algún lado o simplemente volviendo de él. Otras cosa que se debe tener en cuenta son la música (¡muy importante!) (si tienes forma de escucharla o no), cuánta plata llevas o estás dispuesto a gastar y qué tanto calor hace. Además, como aspectos secundarios, están el olor del ambiente (¿estás rodeado de basura?), las miradas de las personas a tu alrededor (¿estás rodeado de basura?) entre otras.

Si se quiere llegar antes de cierta hora, es recomendable tomar un par de micros más, te costará un sol más el viaje a lo máximo y no te estarás quedando como webón en la calle esperando un vehículo que talvez nunca llegue. Es más, de esa manera tendrás la oportunidad de conocer otras rutas para el futuro.

Si, por el contrario, no necesitas llegar a algún sitio a cierta hora, se pueden tomar algunas decisiones dependiendo de las demás condiciones: Si no es muy lejos, menos de 20 cuadras, recomiendo caminar: es una buena forma moverte, es barata, conoces lugares (de repente y encuentras una tienda interesante), respiras un poco de agradable smog y tienes la oportunidad de ver a los preocupados conductores y sacarles pica de estar tan tranquilo de ser tan libre.

Actualizando las fotos

ESTUNSA

Bueno, acá están las verdaderas fotos de la empresa de transporte público ESTUNSA en la cual me desplazo a pesar de ciertos inconvenientes con los retrovisores ajenos y propios. Pasa por la Av. Sucre, Tdo. Tingo María y luego llega a Comas, por si acaso alguien quiere subirse alguna vez y esperar que pase algo interesante. Si se suben en la mañana recomiendo altamente sentarse en los asientos que estén más cerca al Callao… el sol duele y el sudor fastidia.

ESTUNSA= Empresa de Servicios y Transportes Unión Nacional S. A. (creo)

Pague con sencillo

Una visión rápida a todos los implementos del chofer: la calaverita veraniega, la fresita aromática, los 3 espejitos retrovisores para buscar pasajeras “agrasiadas”, el manual de las multas 2008 (indispensable), la foto de jesús (o de algún otro personaje coetano) tapada por una infestación de estampitas y rosarios, el periódico guardado abajo de un “sillón” que dice “prohibido sentarse”, creo que veo unos lentes de sol (aparte de los de la calavera)… seguro se pueden divertir encontrando las demás cosas (una linterna??). Pero lo que más me gusta es la palanca de cambios: está tan atrás que el conductor debe estirarse para jalarla (sin voltear claro) y ponerla en el cambio correspondiente. Esos micros son los que valen la pena tomar.

Porque a ellos también les duele

 combi

Luego de un largo y sudoroso día en la planta hace-hilos, me dispuse a caminar hacia la salida. En el camino me puse a pensar en mi regreso (sí, es suficientemente grande el camino a la salida para que pase algo en ese tiempo), ya no contaba con que me recoja Alfonso de regreso de su trabajo: tendría que ir en micro. No es que yo sea de esas personas que solo toman taxi… me gusta lo barato y los micros son baratos. Voy todas las mañanas así al trabajo y a muchos otros lugares. Pero por varias razones me pasó por la cabeza que no iba a disfrutar para nada este regreso.

La primera era que debía llegar en máximo cuarenta y cinco minutos si quería llegar no tan tarde a las clases de francés (no sé porque le he perdido respeto a la puntualidad de esas clases). La segunda era que mi aparato almacenador y reproductor de música había sucumbido ese mismo día en la mañana: o se apagaba con la alarma de batería o no emanaba sonido de él. Ya no es el mismo de antes pero por las mismas razones que utilizo el micro no me compro uno nuevo, sino que exprimo los últimos rezagos de batería recargable que pueda tener antes de darme por vencido.

Resignado y con un sol que calienta más de lo que uno puede auto refrigerarse, salí y crucé la avenida Argentina, con sus camiones de Coca Cola y sus micros que van a Comas, dispuesto a chapar el primero de mis tres micros (o hasta cuatro) para llegar a mi hogar.

“Todo Sucre, Tingo María, Sucre Sucre pueeeeente”. Sonreí brevemente y subí. No sonreí por la forma escandalosa de como la mujer (mujer-cobradora era, cada vez más comunes ahora), que para esto me resultaba conocida, se descolgaba de la puerta semi-destruída del carro que ni siquiera paró para que me suba. Menos por la apariencia del carro al que me subía: no era ni cúster ni combi ni micro típico. Sonreí porque me di cuenta de que ese micro era mi comodín: esos micros que misteriosamente van por la ruta que uno quiere, doblando por muchas calles y haciendo un circuito de lo más caprichoso pero que al final te ahorra dinero y carros. Un ejemplo es el conocido marroncito que une Miraflores, San Isidro y La Molina por medio de tanto la avenida Javier Prado como la Benavides. Una vez adentro del extraño carro miré y me fui a sentarme en uno de los tantos asientos libres: era el tipo de asiento duro de ómnibus grande y no esos acolchaditos que siempre están medio caídos, propios de las cúster.

Sentado, sin música y con todavía mucho calor, esperé a ver por qué lugares extraños y fantásticos iba a pasar esta empresa de transporte (ahora último descubrí su nombre: ESTUNSA) antes de dejarme en la av. La Marina. Los lugares no fueron de lo más fantásticos, tal vez un poco extraños. Mientras escuchaba a esta mujer-cobradora gritar nombres de lugares desconocidos, pensaba en por qué si bien las mujeres llegaron a cobradoras nunca iban a llegar a conductoras, ¿será machismo o es que las mujeres realmente chocarían más? Ahí fue cuando la reconocí, hace dos días había sido mi mujer-cobradora en otro microbús de la misma empresa. Es curioso como uno se acuerda de algunas cosas y de otras no. Por ejemplo, si ayer me preguntaban si recordaba alguna vez haber visto un micro o algún transporte público chocar, yo diría que no. Y he visto cosas extrañas: puertas izquierdas de combis abrirse, puertas derechas de combis que se caen a la pista, un pequeño cachorro mascota siendo llevado en la caja de herramientas del carro ladrando, una rápida ruta alterna en un incómodo viernes en la noche por calles de San Isidro con las luces apagadas y el cobrador escondido, etc. He visto micros chocados, detenidos, volcados, siendo detenidos por la policía o fugando de ella pero nunca en el acto de chocar (y menos dentro de uno en ese momento).

Un lado de la pista cerrada, un micro avezado trató de cruzarse y mi chofer no se dejó presionar… resultado: el espejo retrovisor de mi micro con un hueco roto. El daño no era grave, pero, lo que era más importante, era culpa del otro micro. Él debía pagar los diez soles y todo quedaba saldado. Me sorprendió la capacidad de mi chofer para insultar a su colega usando tan buena fluidez, como si ya lo hubiera dicho antes (contra lo que muchos piensan, las abolladuras y golpes que se ven en los micros no son de adorno), para hacerle entender de que pague con sencillo y rápido. Como era de esperarse, al otro conductor le importó muy poco lo que mi chofer pensara sobre su mamá y sobre toda su familia y decidió seguir con su camino. Al ser abordados por mi insistente mujer-cobradora, los culpables les ofrecieron dos soles por el daño. Mi mujer-cobradora, con mucha razón, se negó y exigió aquello que era suyo. Todo este espectáculo de cobranza se realizaba en movimiento con pequeñas pausas para dialogar de cobrador a mujer-cobradora mientras se recogían pasajeros al mismo tiempo ya que los micros no podían retrasarse y debían continuar. Para esto, mis compañeros de micro y yo, veíamos extrañados a los pasajeros del otro micro. Yo tenía curiosidad por saber si los pasajeros del otro micro apoyaban a su micro tanto como nosotros apoyábamos al nuestro.

Desde mi asiento podía escuchar cómo conversaban mi mujer-cobradora y mi conductor acerca de lo injusto y conchudo que era el otro micro, se veía el rencor y la impotencia en sus caras: ¿qué podían hacer? ¿Obligarles a pagar? ¿Cómo? ¿Subirse al otro micro y descuidar su trabajo? No podían dejar el carro así nomás, sentí lástima por ellos.

Pero no por mucho tiempo: apareció de nuevo el otro micro al frente de nosotros. Mi chofer aceleró y mientras lo alcanzaba (como si silenciosamente hubieran llegado a un plan), mi mujer-cobradora recogió una pequeña escobita que, según se veía el carro, nunca había usado dentro del bus. Al preciso momento de llegar a estar uno a uno, la mujer saca por la ventana su escobita y yo pensé asustado “Seguro va a limpiarle el espejo al otro en son de protesta”. La señora de adelante mío gritó del susto cuando el espejo retrovisor del micro del costado explotaba en muchos fragmentos punzo-cortantes reflejando luz liberados en todas direcciones. Claro, ella se había subido después del primer incidente y seguro entendía nada. Nadie le explicó, no había necesidad: la justicia se había hecho.

Después de peligrosas correteadas entre los dos micros en las cuales yo temía por algo peor, logramos perderlo y tranquilos continuamos el camino como si nada. Poco antes de bajar, la mujer-cobradora-heroína seguía trabajando como si nada se hubiera roto. “¿Vas mercado magdalena?”, “Sí señora, voy justo al mercado, suba”. “¿Pero vas al mercado, mercado?” “Pero claro señora, al mercado de magdalena voy”.