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Los prejuicios sobre el métal

Mientras veo el nuevo programa de Gisela Valcárcel (Bailando por un Sueño), en el que una serie de parejas muy conocidas en el medio están bailando canciones de salsa, me han dado ganas de hacer lo mismo. En verdad. Sin embargo, lo cierto es que me gusta todo tipo de música, salvo los extremos. Cumbia, chicha, salsa, música clásica, rock, punk, trova… y por supuesto métal. Sí, y a pesar que dije que no me gustan los extremos. Me gusta el métal.

Pero analicemos un poco esto último, analicemos un poco el métal. Sí, es fuerte, baterías y solos de guitarras por todas partes, músicos pelucones y satánicos que se visten de negro y luego van a drogarse en sus carros. ¿O no? Claro que no. Eso es lo que la mayoría piensa, lo que nos han enseñado en todas partes y lo que debemos dejar de pensar. Es cierto que existen metaleros que hacen todas esas cosas y es cierto que hay grupos que hacen cualquier cosa que más se parece a ruido que a música, pero eso no es todo lo que el métal nos puede ofrecer.

El power métal es una variante del métal. Se caracteriza por su velocidad y por los solos de guitarra fácilmente apreciables y que poseen armonía como un conjunto. Las notas se entienden. Las letras son de temas muy diferentes entre sí y dentro de este grupo encontramos a bandas como Helloween o Angra.

El epic métal es el que más gusta. Es una rama del power métal y además de la velocidad de este último, contiene letras épicas que nos recuerdan grandes gestas, reales o no. También podemos encontrar muchos guiños a la música clásica, como violines, coros, órganos, clavecines, etc. Muchas veces podemos hacernos la pregunta si lo que estamos escuchando es una obra de Bach o una canción de epic métal. En este grupo tenemos a mi banda favorita, Rhapsody, también a Luca Turilli y por supuesto a los españoles de Mago de Oz.

Hay que darle una oportunidad al métal, quizás nunca veamos gente bailando en un concurso alguna canción de este género como pasa en el concurso de Gisela con la salsa o la cumbia, pero creo que no debemos desaprovechar las visitas de tantas buenas bandas de métal al Perú como Sonata Arctica, Megadeth y próximamente, Mago de Oz.

Energías Alternativas

Y bueno, todo indica que el petróleo está out (o en un lbicicleteaenta y larga decadencia) mientras que todo lo demás está in: Gas Licuado de Petróleo, Gas Natural, (Gas Ideal), Etanol, Carbón, Aire, Tierra, Agua, (Corazón). Pero muchos todavía usamos nuestro rico carro a gasolina porque si bien el precio del galón barril (gracias andrea) de petróleo ya está medio alto (114 dólares me dijeron la otra vez), no justifica toda la vaina de meterle un balón gigante en la maletera.

El asunto es que poco a poco, los precios de los demás competidores van subiendo y no hay nada que podamos hacer, ¿o sí? No, en verdad no hay nada que podamos hacer para remediarlo. Pero si algo he aprendido en algún momento iluminado (hay pocos) de mi vida es que somos libres por la voluntad general de los pueblos y la justicia de su causa que Dios defiende (sí, Dios nos defiende a nosotros nomás). ¿Libres para qué? Libres para, en la medida de lo posible, no caer esclavos de una situación en la que podemos hacer algo para remediarlo. Nunca es bueno aceptar (pagar) incondicionalmente lo que sea que nos pongan en frente (eso va para los que pagan esas “lavadas” de carro en los semáforos largos).

Entonces, ¿cuál es el único tipo de energía del cual dispones a total libertad y tienes los medios para convertirla en trabajo (algo útil) cuando quieras? De tu cuerpo. Somos unas (no sé qué tan eficientes) máquinas que cambian alimento (aire, agua comida) por trabajo. El proceso por el cual funcionamos es un poco complicado pero lo importante es que siempre que haya alimento, habrá energía y podremos hacernos útiles por nosotros mismos.

Por ejemplo, en vez de quejarte porque no tienes carro, de que el transporte público es un desorden, que es muy lejos para caminar, que los taxis… (no sé cuál es el principal problema con los taxis: ¿te raptan o es que cobran caro? Nunca me han raptado y seguido me cobran caro pero yo no decido). Bueno, en vez de todo eso: agarra tu bicicleta, porque es muy probable que tengas una, y úsala. Si no tienes, cómpratela, está menos de 300 soles una buena. Si es peligroso: usa casco. Si sudas: cámbiate de polo. Y lo mejor de todo es que no estás atado en ningún momento a nadie mas que a tu tiempo, a tu cansancio (ya, no seas vago tampoco es tanto). Es verdad que no se puede ir a todos lados en bicicleta pero a muchos más de los que se cree, solo porque no es común no lo hace malo. La verdad no vendo bicicletas pero tampoco quiero quedarme diciendo tantas cosas sobre ella: no acabaría y mi tiempo vale.

Y si vienen con la excusa de que no hay tiempo o fuerzas (y claro, yo pudiera responderles ahí donde están), les diría que sí hay los dos: Solo tienen que recordar todas esas veces a la semana que van al gimnasio para perder peso (o hacer crecer los músculos). Toda esa energía desperdiciada no es poca. ¿Por qué no en vez de gastarla la usamos? Nos ahorraríamos tanto el gimnasio como el transporte o lo que sea para lo que usemos la energía.

Justo ahora estuve en una clase de economía en la que vimos ese tema de la dependencia del consumidor en un producto. Es cierto que necesitamos el recurso (eso hace que seamos más dependientes) pero si logramos que hayan más propuestas energéticas (aumentar la competencia nos hace menos dependientes) podremos compensar un poquito nuestro consumo en el día a día.

Por eso es que, ahora que la energía cuesta caro, es hora de valorizar más nuestra energía, lo que podemos producir nosotros por nosotros mismos.

Y como última reflexión: los seres humanos no contaminamos: abonamos la tierra.

El rosado y el hombre

Pantera RosaEs verdad que con el tiempo, la sociedad ha ido rompiendo con los tabús, las discrminiaciones (raciales, de género, de religión, y hasta de inteligencia), las desigualdades y todas esas cosas divertidas que bien pueden llamarse tradición (como ya fue explicado detalladamente en otro post anterior). Acá en Lima misma, pueden verse muchos casos de intolerancia y discriminación.

Como por ejemplo: me he dado cuenta de que en algunas partes de lima, no se ve tan mal orinar en el asfalto de la pista mientras que en otros lugares todavía no son lo suficiente tolerantes y se ven forzados a llamar a un serenazgo para que… (¿qué hacían los serenazgos?) te lleve fuera de su distrito.

Pero de eso no iba a hablar. Quería hablar de una discrminación que se encuentra casi en todas partes y está centrada en un poco menos de la mitad de la población. Si yo veo a un desconocido usar un polo rosado no dudaría automáticamente de su sexualidad, pero mis sentidos estarían alertas (inconcientemente claro) a cualquier indicio que me haga saber la verdad.

En cuestiones de ropa, las mujeres no temen por su aparente orientación sexual (al menos no le temen a un color en particular). Claro que sí se preocupan más, ya que el tema se pone más complicado (mucho más complicado) cuando el culpable no es un color específico como en el caso del hombre sino es el gusto impuesto por alguien que quiere ser millonario diciéndole a la gente cómo debe vestirse y consiguiéndolo.

¿Cómo llegamos a temerle a un color? ¿Cómo podemos dejar de hacerlo? Es my fácil: no hay razón alguna por la cual un hombre no pueda salir con alguna prenda rosada (siempre y cuando no sea una cartera rosada). Pueden ser lentes de sol, un short, un polo, un celular, zapatillas, etc. Es verdad que no hay mucho mercado para hombres de ese color, pero eso me lleva a otras preguntas: ¿En qué se diferencian un polo de hombre de un polo de mujer? ¿Solamente el tamaño? ¿Por qué los polos de mujeres deben ir apretados? (debe ser incómodo).

Talvez algunas de estas preguntas tienen respuestas fáciles y lógicas pero creo que muchas otras no (como la de los serenazgos por ejemplo). Mientras tanto,creo que me compraré un poco de ropa de color rojo desteñido y usaré mis, recientemente adqueridos, lentes de solmorado claro.

Gary Gygax y el rol que nos dejó

La semana pasada falleció uno de los creadores del mítico juego de rol Calabozos y Dragones. Tres décadas después de su introducción en el mundo, el legado de este juego es inmenso y ya se espera la cuarta edición en unos meses.

En un artículo de The New Yorker que apareció este fin de semana, se toca el tema del impacto de Calabozos y Dragones en la cultura geek actual. Para empezar, los videojuegos tienen una influencia muy fuerte de parte de este juego. Los alter egos con los que jugamos, sus características y la forma de contar las historias nos remontan necesariamente a este juego de rol. Las nuevas redes sociales y nuestros avatares cibernéticos provienen de los personajes creados en estos juegos en los que utilizábamos una hoja especial para anotar todas sus características, intereses, cualidades, etc.

El juego en sí sigue vigente. Es más, hace unos días lo jugué. Era un sorceress/rogue de noveno nivel que junto con su party eliminó a varios drows (elfos oscuros) y llegó a otro plano, a través de un portal. Fue muy divertido, y todo eso se lo debemos a Gary Gygax. Jueguen Calabozos y Dragones, es entretenido y no se preocupen que no se convertirán en asesinos ni antisociales, como algunos idiotas señorse dicen.

El Dilema del que espera LA combi

Siempre me encuentro en la misma situación: Estoy en algún paradero (nunca prohibido) y estoy con el tiempo bien: una tolerancia de 5 minutos para tomar un bus en particular está más que sobrado de tiempo. De repente pasan 6, 7, 8 minutos y no viene. En ese momento comienzan a salir nuevas posuibilidades, ya que todavía no se está uno muy tarde: Puedo esperar un rato más (ya debe estar cerca de llegar), puedo tomar otra linea de bus y caminar un poco más o tomar dos líneas de bus.

MussoliniEl problema está cuando llegan a pasar sus ricos 10 minutos y nada ¿Lo habrá parado la policía? ¿Se le habrá malogrado el carro? ¿estarán simplemente muy atrasados? Es ahí cuando todas las soluciones posibles (incluídas las más locas) salen a flote misma pesca con dinamita: ¿Ir en taxi? ¿Ir caminando? ¿Seguir esperando? ¿Tomar el primero carro que vea? De todas maneras es casi seguro que llegaré tarde (a menos que la opción de ir en taxi sea realmente una opción, ya que no lo es), lo importantes es cómo.

Para solucionar este problema es importante saber si es necesario llegar a la hora, es decir, si estoy yendo a algún lado o simplemente volviendo de él. Otras cosa que se debe tener en cuenta son la música (¡muy importante!) (si tienes forma de escucharla o no), cuánta plata llevas o estás dispuesto a gastar y qué tanto calor hace. Además, como aspectos secundarios, están el olor del ambiente (¿estás rodeado de basura?), las miradas de las personas a tu alrededor (¿estás rodeado de basura?) entre otras.

Si se quiere llegar antes de cierta hora, es recomendable tomar un par de micros más, te costará un sol más el viaje a lo máximo y no te estarás quedando como webón en la calle esperando un vehículo que talvez nunca llegue. Es más, de esa manera tendrás la oportunidad de conocer otras rutas para el futuro.

Si, por el contrario, no necesitas llegar a algún sitio a cierta hora, se pueden tomar algunas decisiones dependiendo de las demás condiciones: Si no es muy lejos, menos de 20 cuadras, recomiendo caminar: es una buena forma moverte, es barata, conoces lugares (de repente y encuentras una tienda interesante), respiras un poco de agradable smog y tienes la oportunidad de ver a los preocupados conductores y sacarles pica de estar tan tranquilo de ser tan libre.

La mujer y las combis

Hace como 4 años empecé a utilizar el transporte público. En verdad no tenía razones para no haberlo hecho antes, pero supongo que me daba flojera y además no lo necesitaba tanto como lo necesité una vez que entré a la universidad. Desde entonces y hasta hace cosa de un año (cuando me decidí a arriesgar mi vida por cuenta propia en mi carro) puedo afirmar que no he visto más de siete mujeres trabajando en una combi. Esto no me sorprendía mucho porque me imaginé, justamente creo, que en una sociedad como la nuestra, un puesto de trabajo tan “maleado” caería regularmente en manos de un hombre. Además, las veces que veía mujeres me daba la impresión de que se trataba nada menos que de la esposa del chofer (no se cómo me doy cuenta de esto, pero a veces se puede ver a la familia completa, con el hijo de copiloto) o que, además, ocupaba un lugar subordinado a este.

En fin, todo esto cambió hace unas semanas cuando, manejando para ir a trabajar a eso de las 7 am (”a quien madruga, etc”) me encuentro con una combi, del Chama por más señas, siendo conducida por una señora un poco gorda. De frente esto me puso a pensar “¿quien está de cobrador?” Después de un par de maniobras semilegales pude ponerme en la posición correcta para poder ver que el cobrador era un hombre. Un hombre de cobrador con la mujer de chofer, esto era algo nunca visto, era casi como romper un paradigma (un paradigma absurdo quizás, pero me limito a contar lo que veo). Involuntariamente me encontré compadeciendo al cobrador; no es muy bueno que te escojan para romper paradigmas y menos si te los rompe una señora gorda que bien podria ser la pasajera que metes, no sin dificultad, al fondo con tal de conservar tu “asiento de cobrador”. Por otro lado, lo que me puse a pensar, ahora si más conciente, era en el cambio que esto significaba en realidad.

Ser chofer en una combi implica más que simplemente poseer la habilidad de manejar de una manera peligrosamente cercana al suicidio mientras llevan a sus pasajeros de una manera rápida y no muy insegura. Más, también, que tener un conocimiento casi enciclopédico de las calles por las que no pasa su ruta (”por ahi no voy, pe causa”). Ser chofer significa ser la autoridad máxima a bordo de una combi con decisión sobre la vida y la muerte sobre sus pasajeros (y a veces los pasajeros y choferes de otras combis), significa ser capaz de regir, mediante salomónicas sentencias, sobre los altercados entre los pasajeros y los cobradores. Por último, significa ser capaz de bajarse de la combi y matar a cuchilladas a otro chofer porque le quitó un pasajero (esto ha pasado al menos una vez).

Ahora bien, cuando los hombres vemos a una mujer común y silvestre subir a una combi lo último que esperamos es que salga por la ventana a matar a un colega utilizando un instrumento punzcortante. Si algo, las vemos como indefensas frente a la apabullante (in)humanidad amontonada dentro de una combi. Por eso algunos les ceden sus asientos, quedando en una posición que es casi, pero no completamente, intolerable hasta el punto de mandar al diablo a la caballerosidad. Y bueno, si comparamos a la mujer promedio que viaja en una combi con el chofer promedio que conduce una podemos darnos cuenta de por qué, mientras a una le reservan un asiento, al chofer promedio sólo se le permite sentarse porque es una buena forma de no tenerlo cerca.

Cuando una mujer asume este rol, entonces, nos encontramos con algo inesperado, al menos desde el punto de vista combístico; tenemos una especie de contradicción de papeles. Por un lado tenemos a un personaje que es la representación física de una combi: de dudosa legalidad, contaminante, irrespetuoso, eternamente abollado y con un hedor peculiar. Del otro tenemos a alguien que no es nada de eso, pero tampoco es lo opuesto, simplemente que no parece pertenecer (en la mayoría de los casos, porque también hay mujeres combistas a mucha honra) a tan extraño medio de transporte. ¿El resultado? En teoría significaría una distribución de generos más equitativa en trabajos que anteriormente solo estaba ocupados por hombres. En la práctica solamente significa que la próxima vez que te pelees con el cobrador, la voz que gritará desde adelante “dale china y que se baje” será posiblemente de una mujer.

El destino de la humanidad o ¿por qué todo termina en algún tipo de destrucción masiva?

En estos días en el que el fin del mundo se anuncia cada cierto tiempo con más insistencia y más palabras científicas, creo que es importante ponerse a pensar en si en verdad tenemos probabilidades de acabar como en Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, el Día Después de Mañana, los patas de Soylent Green, Impacto Profundo o, dios nos libre, Waterworld. Es por esto que he recopilado algunos de mis escenarios favoritos o, al menos, los que me resultan más conocidos.

1. Calentamiento Global, inundaciones, etc.

Según esta predicción, las emisiones de ciertos gases como el CO2, CO, SO2 y, bueno, el vapor de agua crean un efecto invernadero en la atmósfera terrestre que retiene el calor solar cada vez más de manera que la temperatura de la tierra aumenta constantemente. Hasta aquí todo bien, pero a partir de este punto empiezan a aparecer las dichosas teorías que obligatoriamente inventa la gente en situaciones así. Una que me gusta es esa de que si seguimos a este paso el oxígeno de la tierra se acabará. Esto es estúpido. En verdad. Es como pensar que el agua del mundo se va a acabar. Bueno, otra es que el calentamiento derretiría los hielos en los polos y eso elevaría el nivel del mar. Esto si es probable hasta donde se, aunque, como generaría una especie de mundo como Waterworld, tenemos que descartarlo por mal gusto. La tercera alternativa es que la atmósfera se convierta en algo como el planeta Venus, donde creo que llueve ácido sulfúrico. Esto al menos sería interesante.

Probabilidades de ocurrir: según Al Gore, creo que como 100%, según yo, un poco menos, si es lo de Waterworld, no deberíamos ni considerarlo.

2. Meteorito o cometa

Bueno, esto no es tanto una predicción como una posibilidad. Ya ha pasado antes y pasa constantemente así que lo único que creo que se tiene que discutir aquí es la escala del asunto. Mi escenario preferido es uno que, creo, nadie a tratado lo suficiente: imaginen un meteorito lo suficientemente grande para que, al irse contra la Tierra, destruya el 98% de la vida en su superficie. Parte de la humanidad, previendo esto, se han refugiado bajo tierra con la esperanza de salir cuando las cosas se pongan mejor. Lo que no saben, y lo que de alguna forma macabra hace interesante mi historia, es que la superficie se ha convertido en algo como la descripción de Venus que hice en el punto anterior obligando a la gente a convertirse en una especie de seres subterráneos que viven curiosas aventuras mientras tratan de encontrar comida bajo tierra y adaptarse a eso de ver sin luz. En verdad, deberían hacer una película sobre esto.

Probabilidades: Mientras pase después de que se estrene mi película, 100% creo. Eventualmente va a pasar así que vayan excavando.

3. Guerra Nuclear o Biológica

Esto era el favorito en la guerra fría, ahora solo hay que cambiar nuclear por biológica y listo, nuevo apocalipsis miltarizado. Sobre esto, leí en algún lado que, por lo general, al plantearle esta situación (y bueno las demás puestas aquí) a cualquier persona esta se cuenta automáticamente entre los supervivientes. Siempre están dentro del 10% inmune al nuevo virus de los terroristas musulmanes, siempre se les ocurrió meterse bajo tierra cuando cae el meteoro (en vez de hacer lo obvio y saquear todo), etc. Bueno, en cualquier caso, este escenario se pone más interesante cuando consideras lo que pasa después del ataque biológico o nuclear. Supongamos que sobreviven unas cuantas personas. En el mejor caso se verán metidos en un mundo donde ellos son los únicos humanos vivos con la autoridad sobre todas las cosas que eso les da. Imagínense, todas las tiendas, restaurantes, casas etc. a tu libre disposición. Genial, ¿no? No, porque que las demás personas ya no sean humanos no significa que estén muertos. Bienvenidos al apocalipsis zombie. Otros casos incluyen el conocido invierno nuclear que cambiará la superficie de la tierra de alguna forma (no estoy muy seguro como, porque nunca ha pasado) y la humanidad, si sobrevive, terminará evolucionando a algún tipo de ser que resiste la radiación (lo que sería increible) y eventualmente la historia se reiniciaría. O algo así.

Probabilidades: Creo que cada vez menos. Si el siglo veinte demostró algo es que las amenazas de un apocalipsis causado por una guerra no son muy creíbles. Aunque bueno, todavía tengo fe en que la raza humana se autodestruya eventualmente.

4. Invasión Extraterrestre

Esto, por la cantidad de películas estúpidas que han hecho, ya dejó de ser interesante. Creo que todos los escenarios se han tratado, y por todos me refiero a todos. Quizás nadie ha considerado la posibilidad de que podríamos dividir la Tierra con los invasores, pero eso sería medio flojo y además donde está la violencia necesaria….no se, ya ni se que estoy diciendo sobre esto, olvídense de los extraterrestres, ni siquiera se ha demostrado que existan. En cualquier caso, creo que los veríamos venir un buen tiempo antes de que aparecieran, con la de radiotelescopios que tienen escanenado el cielo….

Probabilidades: Con sólo empezar a considerar las que la vida inteligente extraterrestre tiene de existir, ya estamos como por cero.

5. En la que no pasa nada apocalíptico

Esta es la que potencialmente puede ser la más aburrida. Tristemente Felizmente, es lo que hasta ahora le ha pasado al ser humano y lo que al parecer le va a seguir pasando. De este escenario podemos esperar cosas como la exploración espacial, la clonación de humanos, el Soylent Green eventualmente, gente mudándose a Internet, robots que hagan algo más interesante que intentar moverse como estatuas artriticas, Multivac, Al Gore como presidente de la luna, espadas laser, el descubrimiento del FSM y nanotecnología (lo que nos lleva al siguiente y, por ahora, ultimo punto).

Probabilidad: bueno, las cosas ya van por este camino así que, a menos que Al Gore tenga razón sobre el punto 1, 100%

6. Gran masa gris

Esto es lo que pasa cuando las cosas van bien por mucho tiempo. A alguien se le ocurre lo interesante que sería crear uos cuantos nanorobots autorreplicantes y bam ya no hay nada excepto eso. El problema con esto es que, a mi parecer, nadie a dado argumentos definitivos (aunque hay unos buenos en wikipedia) en contra de esto así que la próxima vez que alguien les hable maravillas de la nanotecnología, tapense los oídos (o hagan la señal de vade retro) y corran gritando “gran masa gris”, quizás eso ayude. O quizás les dé más sentido a sus vidas, ya ni se, al menos no dejen que les inyecten robots en el cuerpo, querrán hacerlo eventualmente, lo predigo.

Probabilidades: A este paso, ni idea, pero cuando empiecen a venir con las inyecciones de robots, quemen todos los laboratorios. Están advertidos.

Porque a ellos también les duele

 combi

Luego de un largo y sudoroso día en la planta hace-hilos, me dispuse a caminar hacia la salida. En el camino me puse a pensar en mi regreso (sí, es suficientemente grande el camino a la salida para que pase algo en ese tiempo), ya no contaba con que me recoja Alfonso de regreso de su trabajo: tendría que ir en micro. No es que yo sea de esas personas que solo toman taxi… me gusta lo barato y los micros son baratos. Voy todas las mañanas así al trabajo y a muchos otros lugares. Pero por varias razones me pasó por la cabeza que no iba a disfrutar para nada este regreso.

La primera era que debía llegar en máximo cuarenta y cinco minutos si quería llegar no tan tarde a las clases de francés (no sé porque le he perdido respeto a la puntualidad de esas clases). La segunda era que mi aparato almacenador y reproductor de música había sucumbido ese mismo día en la mañana: o se apagaba con la alarma de batería o no emanaba sonido de él. Ya no es el mismo de antes pero por las mismas razones que utilizo el micro no me compro uno nuevo, sino que exprimo los últimos rezagos de batería recargable que pueda tener antes de darme por vencido.

Resignado y con un sol que calienta más de lo que uno puede auto refrigerarse, salí y crucé la avenida Argentina, con sus camiones de Coca Cola y sus micros que van a Comas, dispuesto a chapar el primero de mis tres micros (o hasta cuatro) para llegar a mi hogar.

“Todo Sucre, Tingo María, Sucre Sucre pueeeeente”. Sonreí brevemente y subí. No sonreí por la forma escandalosa de como la mujer (mujer-cobradora era, cada vez más comunes ahora), que para esto me resultaba conocida, se descolgaba de la puerta semi-destruída del carro que ni siquiera paró para que me suba. Menos por la apariencia del carro al que me subía: no era ni cúster ni combi ni micro típico. Sonreí porque me di cuenta de que ese micro era mi comodín: esos micros que misteriosamente van por la ruta que uno quiere, doblando por muchas calles y haciendo un circuito de lo más caprichoso pero que al final te ahorra dinero y carros. Un ejemplo es el conocido marroncito que une Miraflores, San Isidro y La Molina por medio de tanto la avenida Javier Prado como la Benavides. Una vez adentro del extraño carro miré y me fui a sentarme en uno de los tantos asientos libres: era el tipo de asiento duro de ómnibus grande y no esos acolchaditos que siempre están medio caídos, propios de las cúster.

Sentado, sin música y con todavía mucho calor, esperé a ver por qué lugares extraños y fantásticos iba a pasar esta empresa de transporte (ahora último descubrí su nombre: ESTUNSA) antes de dejarme en la av. La Marina. Los lugares no fueron de lo más fantásticos, tal vez un poco extraños. Mientras escuchaba a esta mujer-cobradora gritar nombres de lugares desconocidos, pensaba en por qué si bien las mujeres llegaron a cobradoras nunca iban a llegar a conductoras, ¿será machismo o es que las mujeres realmente chocarían más? Ahí fue cuando la reconocí, hace dos días había sido mi mujer-cobradora en otro microbús de la misma empresa. Es curioso como uno se acuerda de algunas cosas y de otras no. Por ejemplo, si ayer me preguntaban si recordaba alguna vez haber visto un micro o algún transporte público chocar, yo diría que no. Y he visto cosas extrañas: puertas izquierdas de combis abrirse, puertas derechas de combis que se caen a la pista, un pequeño cachorro mascota siendo llevado en la caja de herramientas del carro ladrando, una rápida ruta alterna en un incómodo viernes en la noche por calles de San Isidro con las luces apagadas y el cobrador escondido, etc. He visto micros chocados, detenidos, volcados, siendo detenidos por la policía o fugando de ella pero nunca en el acto de chocar (y menos dentro de uno en ese momento).

Un lado de la pista cerrada, un micro avezado trató de cruzarse y mi chofer no se dejó presionar… resultado: el espejo retrovisor de mi micro con un hueco roto. El daño no era grave, pero, lo que era más importante, era culpa del otro micro. Él debía pagar los diez soles y todo quedaba saldado. Me sorprendió la capacidad de mi chofer para insultar a su colega usando tan buena fluidez, como si ya lo hubiera dicho antes (contra lo que muchos piensan, las abolladuras y golpes que se ven en los micros no son de adorno), para hacerle entender de que pague con sencillo y rápido. Como era de esperarse, al otro conductor le importó muy poco lo que mi chofer pensara sobre su mamá y sobre toda su familia y decidió seguir con su camino. Al ser abordados por mi insistente mujer-cobradora, los culpables les ofrecieron dos soles por el daño. Mi mujer-cobradora, con mucha razón, se negó y exigió aquello que era suyo. Todo este espectáculo de cobranza se realizaba en movimiento con pequeñas pausas para dialogar de cobrador a mujer-cobradora mientras se recogían pasajeros al mismo tiempo ya que los micros no podían retrasarse y debían continuar. Para esto, mis compañeros de micro y yo, veíamos extrañados a los pasajeros del otro micro. Yo tenía curiosidad por saber si los pasajeros del otro micro apoyaban a su micro tanto como nosotros apoyábamos al nuestro.

Desde mi asiento podía escuchar cómo conversaban mi mujer-cobradora y mi conductor acerca de lo injusto y conchudo que era el otro micro, se veía el rencor y la impotencia en sus caras: ¿qué podían hacer? ¿Obligarles a pagar? ¿Cómo? ¿Subirse al otro micro y descuidar su trabajo? No podían dejar el carro así nomás, sentí lástima por ellos.

Pero no por mucho tiempo: apareció de nuevo el otro micro al frente de nosotros. Mi chofer aceleró y mientras lo alcanzaba (como si silenciosamente hubieran llegado a un plan), mi mujer-cobradora recogió una pequeña escobita que, según se veía el carro, nunca había usado dentro del bus. Al preciso momento de llegar a estar uno a uno, la mujer saca por la ventana su escobita y yo pensé asustado “Seguro va a limpiarle el espejo al otro en son de protesta”. La señora de adelante mío gritó del susto cuando el espejo retrovisor del micro del costado explotaba en muchos fragmentos punzo-cortantes reflejando luz liberados en todas direcciones. Claro, ella se había subido después del primer incidente y seguro entendía nada. Nadie le explicó, no había necesidad: la justicia se había hecho.

Después de peligrosas correteadas entre los dos micros en las cuales yo temía por algo peor, logramos perderlo y tranquilos continuamos el camino como si nada. Poco antes de bajar, la mujer-cobradora-heroína seguía trabajando como si nada se hubiera roto. “¿Vas mercado magdalena?”, “Sí señora, voy justo al mercado, suba”. “¿Pero vas al mercado, mercado?” “Pero claro señora, al mercado de magdalena voy”.

Bored?… Party on!, excellent..

Buenas:

Uno se encuentra cerca al televisor, dejas el control remoto de lado y te levantas de tu asiento, como todo un mortal, y te acercas lentamente hacia esa pantalla en la cual dos gringos sin gracia hacen comentarios sarcásticos [dicen] y una risa programada, sin gracia hace de fondo para esas líneas insulsas que por décima vez oyes en esta semana. Es hora de llamar a tus compinches y armar una de las buenas. Es hora de organizarte una reu.

Suena fácil pero no lo es. Aunque las condiciones actuales, tecnología nueva cada vez que pones “play” en YouTube, te acercan mucho a las personas conocidas, organizar un sitio y una hora para una actividad de dudosa procedencia es a veces mas que un mero dolor encefálico.

Dadas circunstancias de los hados, en algunas oportunidades mi humilde morada ha sido hogar de diferentes reuniones sociales, y por ello quisiera citar algunas situaciones que según tengo entendido nos pasan a todos los anfitriones a menudo. El primer gran problema son los invitados, al inicio te encuentras con 5 personas en MSN, o quien sabe de repente en gtalk, y las convences para que venga. Ahora ellos se encargan de avisar a otros para que los sigan, y se crea una cadena en serie con preguntas que debes de responder. Si tuviste suerte y tus 5 amigos iniciales llamaron a otros 10, encontraras unas 6 a 10 ventanas de MSN, con preguntas tipo: ¿Dnde? ¿A qué hora te caigo? ¿Tú pones o ponemos? ¿Cómo arreglamos? ¿Puedo ir con alguien más? ¿Plan chupeta o tranqui? ¿Cómo era pa’ llegar a tu hato? ¿Y quién me trae? ¿Y quién me lleva? entre otras. Simplificación, mandales un mail. Al parecer tendrás que mandar ese mail por adelantado, pero seguro que será mucho mas sencillo, le metes una presentación impecable [Estimados y respetados miembros de la sociedad..], algunas líneas con indicaciones básicas, tu número [nunca falta el pata que ha ido a tu casa como treinta veces , pero aún no sabe si se dobla a la derecha o a la izquierda en la avenida] tu firma, un mapa sin eres dedicado, [o una cita bibliografica en las paginas amarillas si no] y una frasecilla que cautive la intención de tu reu [El que chupe no maneje [vengan en taxi], arriba las manos, abajo las billeteras [el que no pone no liba], hasta el hoyo [cuando se desmaye el primero se van retirando], relajaooo nomás [menos alcohol, mas bromas], vale traer tequila [menos bromas, mas alcohol] entre otras…].

Ahora tu gentita se empieza a juntar y vienen como pueden. La hora de citación varía de la siguiente forma:

HORA DE REUNION [hora que realmente llegan]

8 pm [9-9:30pm], 9 pm [9:30-10pm], 9:30 pm [9:45-10:15 pm, la mejor hora creo], 10 pm [10:30 -11 pm], 11 pm [la famosa post reu, 11:30 a 12am, pero te caen medios ebrios] y 12 am [10 pm, te equivocaste y te caen temprano].

La preparación no es tan fácil como parece..

Una vez que todos están reunidos y alguna música esta en pie, la gentilla empieza a departir. Todo bien, se encuentran amigos lejanos de diversos sitios, “amigos del amigo” que recién se conocen y parejas que se refugian en los rincones. El alcohol esta en proporción y todo marcha bien. De repente alguien baila, se manda un pasito en la pista improvisada, avezado compañero, y algunos lo siguen.

Cuando ya las horas van avanzando y los tímidos hablan; es hora de controlar la bebida. Si un pata se te cae o nace por ahí un jueguito de dados, de preguntas o algo que sugiera la pérdida parcial o total del control físico o mental [los famosos yo nunca o vikingo] es tiempo de retomar las riendas de la diversión y aguantarse un poquito. Solo mantén el alcohol alejado de los implicados, así estos causen risa, pues en un momento pueden causar desgracia.

Una vez eliminada la amenaza relájense un poco, y vean como avanza el momento. Algunos se iran, otros se dormirán y pocos quedaran, así que ve ordenando un poco y prepara el sueño, ya fue mucha diversión, y mañana será hora de limpiar. Algunas recomendaciones:

1) Papel higiénico, mucho de eso, al igual que vasos descartables y servilletas.

2) Que a la 1 am todos sepan como se van a ir, no quieres recoger muertos la mañana siguiente.

3) Consigue un número equitativo de hombres y mujeres. Muchos compadres y se convierte en chupeta, muchas féminas y se convierte en San Antonio, 4 pm.

4) Algo de música ayuda, pero si la gente conversa, bajale un poco, no hace daño.

5) Tener una o dos actividades planeadas tampoco es malo, busca algo que incluya a la mayoría y que sea fácil de aprender.

6) Algo de comida no esta demás, no solo de alcohol vive el hombre.

7) Consigue algo de beber sin alcohol, sobretodo para algunas damas, y agua, te lo agradecerán.

8 ) Si te gusta limpiar solo, genial, pero sino consiguete a alguien que te ayude mientras te chismea de como quedo la fiesta.

9) Pregúntale a uno o dos amigos que les pareció y toma nota para la siguiente.

10) Has que tus reuniones tengan estilo, piensa en grande.

Suerte, y nos vemos en la próxima reu.

J.A. Lulli