Un día negro para los vehículos de dos ruedas

Encima llovió

Encima llovió

Se podría decir que uno de los dos incidentes ocasionó al otro, por más de haber ocurrido como 10 horas antes, en otro lugar (a unas cuadras) y con personas y vehículos distintos.

Bueno, el primero pasó a las 7:45 masomenos en Javier Prado casi casi con Pershing (es decir, en la parte tranquila de Javier Prado). La verdad es que una imagen ayudaría más que cualquier cosa pero ahora no tengo ganas de hacer un mal dibujo en paint osea que solo lo cuento rápidamente: un motociclista embistió a alta velocidad a la parte delantera lateral de un carro que irresonsablemente cruzaba la calle. La situación sucedió en unas circunstancias que hicieron que ninguno de los dos supiera que existía el otro hasta el momento mismo de la colisión. El motocilista era un serenazgo y terminó en el capot del carro, la moto incrustada en el semi-destruído carro. A Alfonso y yo nos tocó presenciar todo el evento ahí mismo, impactante: exactamente como lo pintan las películas pero sin replay.

El otro me pasó a mi y a mi bicicleta mientras pensaba en dos cosas principalmente. La primera fue el hecho de no haber ayudado al pobre hombre atropellado, aunque seguro el señor del carro lo debe haber ayudado (lo vi atenderlo y todo) y habían serenazgos cerca para auxiliarlo me quedé con las ganas de haber hecho algo. La segunda vino de la primera pero siempre se me ocurre cuando estoy montando bicicleta: por qué nunca me ha tocado algún accidente grave en mis recorridos en bicicleta y llegué a la conclusión de que era una persona con suerte y que había que aprovecharla. En estos momentos estaba en la avenida Portillo yendo a semi-gran-velocidad por la vereda (si hay algo más estúpido que ir por la vereda es ir muy rápido por la vereda y con carros estacionados que tapan la vista a la pista) cuando de la nada apareció un carro que quería entrar a su garaje, poniéndose en mi camino intenpestivamente.

Igual aproveché y me compré una lucecita trasera para que no me atropellen

Igual aproveché y me compré una lucecita trasera para que no me atropellen

Como resultado, y a pesa de dar una rica frenada con mi bicicleta, terminé aboyándole el pobre carro al hombre (que resultó no ser su dueño) y doblando su antena 90º. Sorprendentemente yo y la bicicleta terminamos intactos. Como buen ciudadano que soy (y también por tener la culpa) le dije que le pagaba la arreglada y quedamos en que me llamaría… seguro va a salir carísimo, qué estúpido.

Lo curioso fue que el accidente en sí fue parecido: misma parte del carro, un vehículo de dos ruedas, los dos terminamos en el capot del carro y ninguno de los 4 la vio venir para nada.

0 Responses to “Un día negro para los vehículos de dos ruedas”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s





A %d blogueros les gusta esto: